Los birdies que cumplen deseos

Juan Rico, con el cuadro en las manos, junto a varios amigos del Club de Golf de Las Caldas. /  PABLO LORENZANA
Juan Rico, con el cuadro en las manos, junto a varios amigos del Club de Golf de Las Caldas. / PABLO LORENZANA

Arranca el torneo de golf 'Amigos de Guille' cuyos beneficios se destinan a hacer realidad los sueños de los niños enfermosJuan Rico, padre de Guille, puso en marcha este trofeo en Las Caldas para rendir un homenaje a su hijo, que falleció de cáncer hace tres años y medio

MARÍA SUÁREZ OVIEDO.

«Una familia feliz, unida, en la que un día, de repente y sin avisar, irrumpe el cáncer», así describe el prólogo de '¿A qué hora llega papá?' a la familia de 'Guille'. El libro lo escribe su padre Juan Rico, y tiene como objetivo transmitir el amor por la vida que su hijo le inculcó y recaudar fondos para que, como el de Guille, los sueños de niños que batallan contra enfermedades graves, se cumplan. Con ese fin nació también el torneo de golf 'Amigos de Guille' que Juan organiza desde hoy y hasta el 20 de mayo en el campo de golf municipal de Las Caldas.

Guille, al que su padre se refiere como un «chaval maduro y con los pies en el suelo», no ha dejado de volar desde que 'partiera' aquel 26 de diciembre de 2014. Con sólo 15 años ya era un enamorado del golf que soñaba con ser profesional. Saber, el día que cumplía 16, que padecía un Sarcoma de Ewing le arrebató fuerza en la pierna izquierda, pero no fue capaz de separarlo del futuro con el que fantaseaba y que ahora vive a través de su padre y amigos.

El ciclo entre quimios era la mejor excusa para volver a coger sus palos. Cuenta Juan que aquel dolor que había comenzado en la pierna y se extendía por la ingle le impedía a veces practicar su swing, pero lo que no consiguió el tumor fue que dejara de soñar.

Rico quiere hacer de este trofeo el mejor de los que se disputan en categoría amateur

La Fundación Pequeño Deseo apareció entonces para descubrir su mayor ilusión y hacerla realidad: conocer al jugador irlandés Rory McIlroy, uno de los grandes del golf mundial.

Juan pasó junto a su hijo tres días en Escocia que le llenaron de vida, haciéndole olvidar que estaba enfermo. Precisamente en Las Caldas, donde Guille y sus amigos jugaban habitualmente, recibió el muchacho la noticia de que conocería a su ídolo. Precisamente allí se celebra el torneo de golf solidario en el que Guille sigue disfrutando del hoyo 15, su favorito, desde el cielo.

La IV edición se celebra los próximos tres días y el cupo de inscritos está prácticamente lleno. El torneo, 'Amigos de Guille', está repleto de ellos. Juan sueña con que el de su hijo, que está presente en cada pequeño detalle, sea el mejor de los torneos amateur e incluso una referencia del profesionalismo. Guille es la motivación personal más incansable para mejorar año a año el nivel del torneo, en el que se juega por parejas a excepción de la jornada inicial, en la que compiten profesionales.

Guille tuvo que irse en plena adolescencia, pero tiene un legado maravilloso detrás: recaudar fondos para que otros tantos niños como él cumplan sus sueños -10.000 euros el año pasado-, y hacerlo manteniendo vivo el suyo de jugar el golf. Juan bromea, abrumado por la forma de ser de su hijo, que hasta él paga inscripción, ya que Guille solo «invita» a su profesor y a sus amigos. Su hermana Alicia, el otro pilar femenino de la familia junto a su madre María José, volverá del Erasmus en Polonia para no perderse el torneo de su hermano. Misma experiencia lejos de Asturias que no le impidió renovar el abono del Real Oviedo para, de ningún modo, perder el asiento de Guille en el Tartiere.

«Tengo un proyecto nuevo», dijo Guille justo antes de dormirse en paz. En su despedida miembros del Club de Golf de Las Caldas, como si lo supieran, le propusieron a Juan este torneo. Desde entonces no ha dejado de crecer en cuanto a colaboradores y patrocinadores, y es que hasta la Fundación Rory McIlroy colabora en los premios. «Algún día conseguiremos que Rory venga al torneo de Guille», comenta Juan emocionado. Solo vio a su hijo llorar dos veces, y una de ellas fue de alegría al ver su sueño cumplido. Desde entonces, en Las Caldas, una vez al año los birdies van al cielo y cumplen sueños.

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