Los otros caballos del hípico

Una de las tres estatuas que están en las inmediaciones del recinto hípico. /  PAÑEDA
Una de las tres estatuas que están en las inmediaciones del recinto hípico. / PAÑEDA

La mayoría de los aficionados desconoce que las estatuas que presiden la salida a pista fueron trasladadas desde el cine Los Campos cuando éste fue derribado

RAFAEL SUÁREZ

Alrededor nuestro, invisibles muchas veces para el viandante, se elevan figuras cuyo origen o significado es desconocido. Difícil resulta detenerse en las estatuas de temática ecuestre que custodian el paso que existe para acceder al recinto hípico y que es utilizado para el paso de los caballos que compiten. Su presencia no es una anécdota. Todo lo contrario, la historia así lo atestigua.

Es necesario retrotraerse a la imagen que se proyectaba en los antiguos terrenos de La Florida, una reserva de suelo urbano destinado a espacios verdes para el solaz público, segregada en 1868 del reparto del ensanche del arenal de San Lorenzo entre Félix Valdés de los Ríos (marqués de Casa Valdés) y Romualdo Alvargonzález Sánchez

Allí se estableció el primer gran espacio de ocio del Este de la ciudad: el teatro-circo Obdulia. Las dimensiones originales de La Florida se extendían entre la punta arbolada frente a las entonces sidrerías Burdeos y Boal y el parque de Cocheras, limitada por la carretera de la Costa y la calle Alarcón.

Estos terrenos fueron privatizados por la sociedad Campos Elíseos y en 1876 se construyó uno de los mayores circos de España. El teatro-circo Obdulia nació como un espacio de ocio polivalente; amenazando sin éxito con ser una plaza de toros, se convirtió en un ruedo circense con espectáculos ecuestres desde sus inicios.

Desde esta fecha ya arrancan las primeras intenciones ecuestres, a la postre hípicas, de Gijón. El teatro-circo pasó a reconvertirse exclusivamente en cine tras la Guerra civil pasando a denominarse cine Los Campos.

Decorando la entrada del teatro-circo Obdulia por la carretera de la Costa (esquina con Menéndez Pelayo), se colocaron 3 esculturas de hierro fundido representando sendos binomios de jinete más caballo a dos patas sujeto por el bocado. Estaban posadas sobre unas peanas de piedra por encima del nivel del suelo mirando hacia el frente.

Cuando este espacio se convirtió en cine, se levantaron unos muros de 4 metros en toda la esquina del recinto. Las figuras de los caballos, aún en la misma ubicación, cambiaron su posición a un plano elevado flanqueando el letrero del cine.

En esta posición permanecieron desde la posguerra hasta el otoño de 1964, cuando tristemente fue derribado el cine Los Campos.

Aquí comienza la historia de este mobiliario móvil. Para el verano de 1965 fueron trasladadas al hípico de Las Mestas situándose, también sobre una peana similar, en la nueva y hermoseada entrada principal.

Las cuales volvieron a cambiar de posición dentro del recinto, pues ya figuran en 1976 junto a la salida a pista de los caballos, donde todavía permanecen. Las primeras referencias fotográficas de estas figuras datan de 1884, pero el teatro-circo se inauguró en 1876; es decir, ya deberían estar instaladas con motivo de la inauguración de un circo de caballos.

Esta es la prueba más precisa de que las mencionadas figuras tienen al menos 141 años de antigüedad y se echa de menos que el Consistorio gijonés no las haya incorporado a su catálogo de mobiliario urbano con protección integral.

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