Saúl Craviotto vislumbra Tokio 2020 desde una nueva óptica

Saúl Craviotto vislumbra Tokio 2020 desde una nueva óptica
José Antonio Pérez, Saúl Craviotto, Claudio Alperi y Alberto Alfonso. / DAMIÁN ARIENZA

«Lo que me pasó en 2015 cuando estuve a punto de retirarme te deja un aprendizaje», señala el campeón olímpico en Río

Iván Álvarez
IVÁN ÁLVAREZ

Con su agenda repleta, Saúl Craviotto prepara «entre viaje y viaje» una temporada «cargadita de competiciones». «Me estoy amoldando a esta nueva etapa que estoy viviendo, muy bonita tanto en lo personal como en lo profesional», confiesa el palista gijonés de adopción, que en la primera semana de abril testará sus buenas sensaciones en el embalse de Trasona.

«Tenemos los selectivos y de ahí saldrá el equipo para ir al europeo, mundial y Juegos del Mediterráneo», explica el campeón olímpico en Río, que afronta la travesía hasta la gran cita en Tokio en el verano de 2020 desde un nuevo prisma. «La experiencia es muy importante. Lo que me pasó en 2015 cuando no me clasifiqué y estuve a punto de retirarme te deja un aprendizaje», explica Craviotto. Por ello encara la competición en la capital japonesa «de distinta manera», aunque consciente de que en su camino hacia ella le tocará atravesar momentos duros.

«Al final, la vida es tropezar, levantarse y seguir peleando», argumenta el piragüista, que ayer recibió una distinción en reconocimiento a su trayectoria profesional tras la firma del convenio entre Santagadea Sport Talaso y el Cuerpo Nacional de Policía. Un acuerdo que incluye descuentos en la matrícula y las tarifas de abonado para los agentes y sus familiares. «Le voy a sacar mucho jugo», aseguró el deportista nacido en Lleida, nombrado socio de honor del grupo empresarial como lo era Quini, por el que se guardó un minuto de silencio antes de que comenzase el acto.

«Entrenar es exactamente igual de importante que alimentarse y descansar. Esos tres pilares son básicos y, si uno de los tres falla, se cae la casa. Es importantísimo el descanso y esto es un plus», expone el bicampeón olímpico, gratamente «impresionado» tras recorrer las instalaciones del Talaso. Cuando se aproxima el ecuador de la Olimpiada, explica con una sonrisa que su segunda hija, Alejandra, al igual que la primogénita Valeria, no le roba fuerzas por las noches en su preparación para lograr una plaza en la embarcación del K-4 que luchará por ser una de las tres más rápidas en los 500 metros de la prueba en Tokio.

«Es una distancia nueva que físicamente me viene muy bien», sostiene Craviotto, que encuentra en los cambios de las características de la competición y en la juventud de sus compañeros «pequeñas ilusiones» para pelear por colgarse en tierras asiáticas su quinta medalla olímpica. «Me la juego todo a una carta el año que viene», explica sobre su billete a Tokio. Esa cuenta atrás pasa por un período «un poco transitorio» en el que se entremezclan las pautas de la preparación y su mentalidad ambiciosa: «Hay que estar ya arriba, empezar a enseñar el morro, pero con calma».

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