Europeo de Croacia 2018

España entra en la lucha por las medallas

Alex Dujshebaev./Reuters
Alex Dujshebaev. / Reuters

Los Hispanos derrotan a Alemania a base de defensa y se medirán con Francia en semifinales el viernes

EUSEBIO PASTOR

Cinco minutos mágicos, cinco minutos en los que el muro defensivo español fue una entelequia irresoluble para el cuadriculado ataque germano. 300 segundos en los que España robó tres balones pese a defender con uno menos y marcó a puerta vacía. Un mágico inicio de la segunda mitad que decidió un partido en el que los Hispanos tomaron camino directo hacia las semifinales. Espera Francia el viernes. Lo que venga será un premio. Tras la derrota ante Eslovenia todo pintaba mal, pero este equipo ha sabido sobreponerse a las adversidades y, olvidándose de rotaciones y repartos equitativos de minutos, jugar con una seguridad pasmosa el partido más trascendental.

De la importancia del partido fueron buen botón de muestra los primeros minutos, con dos equipos temblones en ataque y fiándolo todo a la fortaleza defensiva. En especial España, que se asentó rápidamente en el 6-0 con muchas ayudas y muy profundo, lo que dificultaba mucho el lanzamiento a los bigardos teutones. El problema estaba en el ataque.

27 Alemania

Wolff, Groetzki (2), Weinhold (-), Weber (4), Kuhn (4), Gensheimer (2, 1p) y Wiencek (2) -equipo inicial-, Heinevetter (ps), Lemke (-), Reichmann (4), Pekeler (2), Fath (-), Hafner (5), Janke (-), Dahmke (-) y Kohlbacher (2).

31 España

Pérez de Vargas, Solé (5p), Gurbindo (4), Gedeón Guardiola (-), Morros (-), Cañellas (-) y Valero Rivera (-) -equipo inicial-, Corrales (ps), Balaguer (6), Álex Dujshebaev (5), Raúl Entrerríos (4), Sarmiento (2), Goñi (-), Ariño (1), Aginagalde (4) y Figueras (-).

Marcador cada cinco minutos
1-1, 5-3, 6-7, 8-8, 10-12 y 13-14 (descanso); 15-16, 15-18, 15-23, 19-26, 23-29 y 27-31 (final).
Árbitros
Pichon y Reveret (Francia). Excluyeron por dos minutos a Gensheimer y Weinhold por Alemania; y a Gurbindo por España.
Incidencias
Partido correspondiente a la cuarta y última jornada del grupo II del Europeo de Croacia 2018 disputado en el Varazdin Arena, ante 1.300 espectadores.

Sin apenas lanzamiento, la opción más clara eran los extremos o el juego con el pivote, pero encontrar el hueco por el que dar el pase a Aginagalde o Figueras entre tipos de más de dos metros con brazos largos como una anaconda no es tarea fácil. La llave más eficaz es la de la velocidad en el movimiento del balón, para forzar los desequilibrios entre los defensores, que al ser tan grandes tienen más problemas con los desplazamientos laterales. Y durante un buen rato a España le funcionó, lo que le permitió hacer la goma con los alemanes y ponerse en ocasiones por delante.

Hasta que se lesionó Pérez de Vargas

En ese momento Ribera varió la defensa a 5-1, Rodrigo Corrales paró tres seguidas incluido un siete metros y España empezó a tomar conciencia de que los alemanes no estaban cómodos. Y cuando en balonmano tomas conciencia de algo, debes explotarlo. La lástima era que en ataque la lentitud de Cañellas y la individualidad de Alex Dujshebaev impedían dar el punto de velocidad que Raúl Entrerríos, Gubindo o Sarmiento sí proporcionaban. Pero la gasolina era escasa, los Hispanos jugaron el martes ante Eslovenia, y Ribera intentaba dosificar esfuerzos.

España, empero, mostraba otra cara que la ofrecida ante Eslovenia. Quedaba, eso sí, la duda de si el físico aguantaría en la segunda mitad y, sobre todo, del arma que tendría que esgrimir Alemania para contrarrestar el eficaz 5-1 de España.

Pero la dirección técnica de la selección decidió que no, que era el momento preciso para cambiar el paso. Y cuando Alemania esperaba una defensa con un jugador adelantado, se encontró con el 6-0 clásico pero con la variante de que los defensores salían a crear dudas, no a golpear al rival. Y los teutones se descompusieron y perdieron un balón tras otro, jugando sin portero, y España rompió el partido.

España ya tenía el partido donde quería, así que en la segunda mitad del segundo acto se dedicó a conservar con mimo la renta adquirida. Los alemanes, desesperados, lo fiaron todo al correcalles, al intercambio de goles, a porfiar para que España cometiera errores y limar la ventaja. Su problema fue que en lugar de irse a seis metros y hacerse fuertes allí buscaron las defensas profundas, asumieron el riesgo de que los jugones hispanos camparan a sus anchas. Y lo pagaron claro. Dos paradas de un inconmensurable Rodrigo Corrales y dos acciones de Álex Dujshebaev mantuvieron el marcador a la prudente distancia como para que los espigados germanos entendieran que esta vez se habían quedado sin semifinales.

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