Atletismo

Kipchoge reina en Berlín pero se queda sin récord

Kipchoge gana en la meta de Berlín. / Reuters

El keniano vence al debutante Adola con un tiempo de 2:03.32 en una carrera descafeinada que ni Bekele ni Kipsang pudieron terminar

MIGUEL OLMEDAMadrid

El maratón de Berlín se había vendido, con toda la razón del mundo, como la carrera del siglo. Tres de los cuatro atletas más rápidos de la historia se medían en un momento de forma inmejorable con el récord de Dennis Kimetto (2:02.57) como objetivo. Y sin embargo, dos de ellos no aguantaron el órdago. Fueron el mitiquísimo Kenenisa Bekele y el sempiterno Wilson Kipsang: el etíope se descolgó de la cabeza pasados los 23 kilómetros y terminó abandonando tras el trigésimo quinto, y el keniano se retiró a vomitar una vez superó los 30 kilómetros inmerso en la pelea por el triunfo. Sí que se mantuvo hasta el final el gran favorito, Eliud Kipchoge, pero tampoco fue capaz de batir la ansiada plusmarca mundial. Atravesó la puerta de Brandeburgo tras dos horas, tres minutos y 32 segundos de lucha contra sí mismo… Y contra Guye Adola.

El joven etíope debutaba en el maratón en suelo alemán y no entraba en las quinielas de nadie, pero a punto estuvo de hacer saltar la banca. Aguantó el tipo a Kipchoge hasta el último kilómetro, e incluso había amagado con dejarle atrás en los anteriores. Con el keniano eso es misión casi imposible. Apunten el nombre de Adola, que con sólo 26 años ya posee la séptima mejor marca de todos los tiempos, un sensacional 2:03.46 que además le convierte en el segundo atleta más joven en bajar de 2:04.00 y en el debutante más rápido de la historia.

La carrera había comenzado de buena mañana, fresca y húmeda por la lluvia berlinesa, a un ritmo frenético. Las liebres tenían orden de pasar el ecuador de la prueba en 60 minutos y 45 segundos, una auténtica barbaridad. Los primeros kilómetros transcurrieron a velocidades que invitaban a pensar en que el récord del mundo se batiría, por un amplio margen, en la capital alemana. Nada más lejos de la realidad: a partir de los 12.000 metros los parciales comenzaron a decaer hasta pasar por la media en 1:01.29, un crono bastante más realista, pero igualmente dentro de las previsiones para romper la plusmarca que Kimetto había establecido, tres años antes, sobre el mismo asfalto.

La lluvia embarró la hazaña

Fue a partir de ese kilómetro 21 cuando la carrera se rompió paulatinamente. El primero en desaparecer fue Bekele. Siempre una incógnita por sus problemas físicos, el etíope había asegurado llegar en buenas condiciones, aunque incómodo en los entrenamientos por la lluvia y el mal tiempo.

Quizás por ahí se entienda que tras 23 kilómetros empezó a alejarse del grupo de cabeza para terminar abandonando no mucho antes de cruzar la línea de meta. Peor acabó la carrera para Kipsang, que nada más retirarse las liebres hizo lo propio, pero echándose mano al estómago. Poco después se le vería vomitando fuera del recorrido.

Lo que prometía ser un duelo a tres bandas dejó a Kipchoge sólo frente al sorprendente Adola, y a punto estuvo de claudicar. Amenazó con quedarse rezagado ante los ataques del etíope y antes se había pasado varios kilómetros pidiéndole relevo en cabeza. El récord del mundo se alejaba a cada zancada. No así el octavo maratón consecutivo de Kipchoge, que rompió definitivamente la carrera a su favor con un penúltimo kilómetro a 2.53 para finalizar por segunda vez en su trayectoria por debajo de 2:04.00.

«Las condiciones eran realmente malas por la lluvia», se quejó el keniano tras cruzar la meta, a la par que se mostró gratamente sorprendido por la aparición del que a partir de ahora será su rival por reescribir la historia. Esa que habla del maratoniano más rápido de todos los tiempos y que, hasta nueva orden, seguirá siendo Dennis Kimetto.

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