Voleibol

La historia de cine de Mireya Delgado

La historia de cine de Mireya Delgado

La internacional gijonesa dejó el voley a los 23 años y ha orientado su vida hacia el mundo audiovisual

VÍCTOR M. ROBLEDOGIJÓN

Mireya Delgado se pasó muchos fines de semana de su infancia jugando en el colegio Miguel de Cervantes ajena a lo que pasaba en la pista polideportiva. Su madre, la exjugadora Geles García, fundó en los años ochenta el Club Voleibol La Calzada, por el que han pasado centenares de niños y niñas en las últimas décadas hasta convertirlo en una de las señas de identidad del barrio. Mireya, sin embargo, prefería entonces estar a sus cosas por el patio mientras Ángeles dirigía a alguno de sus equipos.

«El voley estaba tan en casa que yo no quería jugar. Por esa razón hice gimnasia, atletismo, esquí, golf… Pasé por todo, pero al final acabé en el voley, cómo no», acepta entre risas Mireya. Con 12 años jugó sus primeros partidos. Solo tres después era ya internacional en categoría absoluta.

La gijonesa, durante el rodaje de un corto de su compañera Elena Tara, dentro de sus estudios en la Escuela de Cine de Madrid.
La gijonesa, durante el rodaje de un corto de su compañera Elena Tara, dentro de sus estudios en la Escuela de Cine de Madrid. / M. D.

Mireya reconoce que sintió vértigo cuando supo que estaba convocada para la Selección Española. «Aluciné. Con catorce años había ido con la júnior a una concentración en Soria, que es donde está el centro de alto rendimiento. La absoluta iba alguna vez a entrenar y me imagino que el seleccionador se fijaría así en mí. Mi primer partido lo jugué en Guadalajara. Tengo guardada esa camiseta y las de todos los torneos», explica la gijonesa.

Durante esos tres años que transcurrieron entre su primer partido y su debut como internacional, Mireya Delgado militó en el Club Voleibol La Calzada y en el CAEP Soria, y disputó algún torneo con el Grupo Covadonga. Después pasó por el Universidad de Burgos, el Calais de Francia, el Alcobendas y el Haifa de Israel. La gijonesa disputó además en tres ocasiones el Campeonato de Europa. Su mejor recuerdo es precisamente el noveno puesto obtenido por la selección en el Europeo de 2009.

«Hice gimnasia, atletismo, esquí, golf… Pero al final acabé en el voley»

Mireya jugó cerca de doscientos partidos con la selección española absoluta. En 2015, sin embargo, algo hizo ‘click’ en su interior y anunció por sorpresa su retirada con apenas 23 años. «Pasé una etapa de varias lesiones. Tengo dos hernias, pero la verdad es que, si hubiese querido, habría podido seguir. Se me juntó un momento de desmotivación, no sé muy bien por qué. Tal vez al haber empezado tan pronto en un nivel alto y el conseguir las cosas rápido me cansara, porque yo pensaba que iba a jugar a voley toda mi vida», reconoce la exjugadora asturiana.

El punto inflexión, admite ahora, lo vivió durante su año en el Calais francés. Mireya había comenzado a estudiar Comunicación Audiovisual en Burgos. En Francia, sin embargo, su día a día se centraba por primera vez en su vida exclusivamente en el voleibol. «Creo que me desgastó», admite.

Mireya, en el centro de la imagen, hace una recepción durante un partido con la Selección Española.
Mireya, en el centro de la imagen, hace una recepción durante un partido con la Selección Española. / E. C.

Tras retirarse, Mireya pasó un año en Gijón sin saber hacia dónde orientar su futuro. Durante ese periodo colaboró con la Selección Española de voley como jefa de prensa y community manager. Fue entonces cuando, después de meditarlo mucho, decidió tratar de abrirse un camino en otra de sus pasiones: el cine. «Siempre me gustó, pero en la carrera solo habíamos dado un par de asignaturas, sin profundizar mucho. Busqué una escuela y me decidí por la de Madrid», explica. Mireya pasa allí nueve horas diarias para aprender técnicas sobre guión, dirección o montaje, entre otras temáticas. Su objetivo es especializarse en producción. La pasada semana, sin ir más lejos, dedicó un día entero a buscar una autocaravana para el rodaje de un corto.

El sueño frustrado de Mireya es no haber llegado a jugar ningún partido con la selección en Gijón. Ahora, espera presentar algún día un cortometraje en el FIXC. En su cabeza ya figuran varios proyectos: «El cine me gusta porque, en parte, me recuerda al deporte en cuanto al trabajo en equipo. Comparte esos valores. Es una máquina en la que todo tiene que funcionar». El aplauso pendiente en el Palacio de Deportes queda emplazado al escenario del Teatro Jovellanos.

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