Los Premios Delfos miran hacia dentro

Los miembros del jurado, con Carlos Álvarez, el segundo, por la izquierda, en la segunda fila. / P. LORENZANA

La edición 2017 otorga su principal reconocimiento al jurado Carlos Álvarez del Villar

EDUARDO ALONSO OVIEDO.

En la resolución de los Premios Delfos 2017, que están de aniversario ya que cumplen sus bodas de plata, hubo, claro, nervios y emoción. Pero también una anécdota que, en cualquier caso, no empañó el reconocimiento al reputado entrenador de atletismo, preparador físico de equipos de fútbol como el Rayo Vallecano, Sevilla y la selección española de Miguel Muñoz y Vicente Miera, y docente Carlos Álvarez del Villar por una brillante carrera profesional, por su tenacidad y por su perseverancia en la trasmisión de los valores del deporte. Algunos de los motivos de peso para otorgarle la máxima distinción que concede anualmente la Asociación Amigos del Deporte, rebautizada ahora como Asociación Delfos.

Pero bien es cierto que el lavado de cara, la adaptación a los tiempos presentes, de la estatuilla de bronce con la que se identifican los premios, obra del escultor Juan Zaratiegui del Agua, se ganó su propia dosis de protagonismo. La figura, que representa un cuerpo humano truncado por sus brazos y emergiendo de una columna, perderá su masculinidad. Se le librará de su imagen sexual. Se quedará sin atributos sexuales.

No será un impedimento, en cualquier caso, para que Carlos Álvarez, ya jubilado (cumple 86 años el 6 de octubre), asturiano de adopción (sus abuelos paternos eran del Principado) y nombre reputado en el mundo del deporte, la recoja en sus manos el próximo 10 de noviembre. Sonreía sorprendido ayer mientras el vicepresidente Jorge García Antuña leía el fallo. Su trabajo, su esfuerzo y sus logros son objeto de reconocimiento. Pero la decisión, hecha pública a eso de las siete y media de la tarde de ayer y respaldada por unanimidad por los miembros del jurado (del ámbito deportivo y educativo), va más allá de lo superficial porque el Premio Delfos Nacional no solo distingue su brillante currículo. Porque también Carlos Álvarez del Villar trasciende más allá del ámbito deportivo, lo que ha hecho de él una persona apreciada.

Eso se desprende del fallo del jurado de los Premios Delfos 2017, reunido como es tradición en uno de los salones del Hotel España. Lo que ocurrió en aquel escenario es secreto de sumario, pero lo cierto es que, desde un principio, quedó patente la existencia de un nombre. «No podía ser de otra manera». Así lo aseguraron en conversaciones informales varios de los miembros del jurado.

Todo fue según lo previsto. Modificados los estatutos para habilitar la posibilidad de distinguir a un miembro del jurado, la decisión final fue sencilla. El madrileño tiene el honor de suceder en la lista a una figura, en este caso del balonmano, con sello asturiano como Alberto Entrerríos.

Pero el acto no quedó ahí. La lista de distinguidos fue más extensa. Como los días y las noches de trabajo, entrenamientos y esfuerzo. El Premio Delfos Femenino fue para María Ángeles García (voleibol). Y el resto de honores se los repartieron el Colegio San Miguel (entidad), Darío Dossío (artes marciales), José Manuel de Saá (gestor deportivo) y Luis Norniella (atletismo).

La cita para todos ellos ya tiene fecha y escenario. El 10 de noviembre, a las 20 horas, en el Teatro de La Felguera. Será el turno de las felicitaciones y las palabras. Dos horas antes se procederá a la apertura del Jardín Delfos, un viejo anhelo, que recogerá las placas de los 229 galardonados en estos 25 años de Premios Delfos, en el que se dará un especial recuerdo a los premiados ya fallecidos. Además, se instalará un pebetero y se plantará un laurel. La programación por las bodas de plata incluye también la creación de un himno, un libro que recoja esos 25 años de distinciones y una carrera popular.

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