El Comercio

Navarro se luce y el sudafricano Binder festeja el título universal

Entre chavales jóvenes y con no mucha experiencia, es normal que entre la flojera cuando se acerca el momento culminante de cerrar un Mundial, aunque sea en la cilindrada más pequeña. Aunque se tenga mucho margen para el error, el instante en el que se roza el éxito con los dedos es complicado de gestionar, más en una categoría imprevisible como Moto3, donde es habitual ver enormes grupos de pilotos hambrientos y con un cierto punto de inconsciencia.

El de Aragón llegó a contar con once miembros. En esta situación se tuvo que fajar Brad Binder, el dominador claro de 2016, un piloto que llegaba a Aragón con la opción de cerrar el título con cuatro Grandes Premios aún por disputar.

La batalla a once con Navarro, Mir -que salía vigesimoquinto-, Martín, Canet y Guevara como representantes españoles -más el hispano argentino Rodrigo- terminó siendo a cuatro, tras el estirón de Binder. Unas cinco últimas vueltas frenéticas en las que Bastianini y Di Giannantonio, más Navarro, trataron por todos los medios de retrasar el cierre de Moto3, no tanto por fastidiar al líder sino por repartirse el preciado botín del podio.

Un triunfo que terminó siendo para Navarro, que cruzó feliz la meta 30 milésimas por delante de un todavía más feliz Binder, que con el segundo puesto cerró un año que ha dominado de manera incontestable.