El Comercio

SAGAS FAMILIARES

Rosberg salda su deuda con la F-1 - Los Rosberg acompañan a los Hill
  • Se libera del estigma de piloto con mejor palmarés de victorias (23) que no había logrado ser campeón

  • Gana el título al no caer en la emboscada que le preparó Hamilton en Abu Dabi

Graham (1962 con BRM y 68 con Lotus Ford) y Damon Hill (1996 con Williams) eran los únicos padre e hijo campeones de F-1 hasta ayer, cuando Keke (1982 con Williams) y Nico Rosberg (2016 al volante de un Mercedes) se unen a la nómina de sagas laureadas, estos variando la nacionalidad dado que el padre pilotó como finés.

Nico Rosberg está en paz con la F-1. Mantenía un litigio que le llevaba por un peligroso desfiladero. El alemán necesitaba ganar un título en la que, de no haberlo conseguido, podía haber sido su última oportunidad. Sobrevivir sin daños colaterales a tres subcampeonatos consecutivos es quimérico. Se mantenía como el piloto con más victorias, con una vida deportiva más próspera entre quienes aún no habían ascendido al Olimpo del volante. Desde ayer ya no tendrá que hacerse preguntas en modo condicional. Es el nuevo número 1 de la máxima expresión de la velocidad. Por derecho. Llegado este momento no se pueden desviar los halagos con capítulos ya cerrados en los que su compañero Hamilton lloró experimentar expedientes X en un equipo con dos coches a priori irrompibles.

Le quedaba a Rosberg lo más fácil. O no, depende como se mire. Necesitaba en Yas Marina subir al cajón, sabedor como reconoció ser, de que a Hamilton no se le iba a escapar el triunfo en Yas Marina. Parecía una tarea relativamente sencilla. Sólo en cinco citas previas de las 20 consumidas no había acabado en el podio, lugar en el que había posado en once de las últimas doce carreras. Pero su coequipier le tenía preparada la emboscada y los terceros en discordia, como un soberbio Verstappen y Vettel, se manifestaban encantados con poder interferir en el desenlace.

55 vueltas para rematar un calendario atroz por lo extenso (21 citas para solaz de Ecclestone), un campo de batalla en el que todo iba a ser válido. Resumiendo, los Red Bull trataron de hacer valer su estrategia con los neumáticos, aunque llevaron a Verstappen, que se rehizo de un trompo en el primer giro, a llegar con ellos en las lonas. Eso sí, el holandés le obligó a Rosberg a adelantarle en carrera en una maniobra que al germano le valió medio título. Vettel, con su mejor ritmo del año, se vestía de instigador y a Hamilton no le quedaba otra que jugar con fuego, alimentando sus vagas esperanzas de título ralentizando la marcha para que la jauría atacara al Mercedes señalado con el número 9. Ni le salió bien la estrategia ni la entendieron en su muro, como reconoció sin pudor el mandamás Wolf.

«Lewis ha creído que al ser la última carrera no había reglas y valía todo y no es así. Él sólo pensaba en su título sin importarle una victoria del equipo que se podía escapar». Un tirón de orejas, la verdad, innecesario para una escudería que sólo ha dejado escapar nueve puestos de podio de 42 posibles y dos victorias, las de Montmeló y Malasia.

Siguiendo una regla cabalística no escrita, Nico Rosberg emuló a la saga Hill. Damon heredó con 34 años de demora, en 1996 el primer título de su padre (el progenitor ganó el segundo en el 68) y ayer Nico, en el mismo lapso de años, se convirtió en el segundo hijo de campeón que se corona. Nada que ver que el del popular Keke, quien lo obtuvo con una solitaria victoria en 1982 al volante de un Williams.

Alonso, décimo

La última carrera fue, para los españoles, casi un síntoma del resto del año. Fernando Alonso tuvo una actuación sin demasiados excesos. El asturiano finalizó décimo, una posición por detrás de lo que había salido, pero por delante de Felipe Massa, que era el gran objetivo del fin de semana. El ovetense finaliza la campaña en esa misma posición, lo que habla muy bien de su actitud y contrasta con la sensación general de McLaren: Jenson Button, en su última carrera, duró muy pocas vueltas por la rotura de la suspensión.

Peor le fue a Carlos Sainz, que acabó antes de tiempo por un golpe de Jolyon Palmer.