Cuatro kilos menos para fusionarse al nuevo McLaren

J. C. C. MADRID.

Hay pilotos que, como Kimi Raikkonen, se jactan de no haber pisado nunca un gimnasio. «Para conducir no hace falta coger pesas», dice. Y hay otros, como Fernando Alonso, que convierten la actividad física en un ritual inexcusable de su vida.

La implantación del halo ha supuesto una carga adicional en los coches. El artilugio, de unos siete kilos, ha derivado en un peso final para los fórmulas que no puede ser menor de 732 kilos, incluido el piloto. Eso quiere decir que cuanto más ligeros son los monoplazas y los pilotos, más rápido será el bólido. Alonso está más fino que nunca para afrontar el curso 2018. Ha adelgazado cuatro kilos por las exigencias del guión.

Al contrario que otros, el asturiano disfruta con estos rigores del ejercicio y la dictadura de la báscula. Tiene dos fisios italianos en nómina, Fabrizio Borra y Edoaldo Bendinelli, que le adiestran sobre calorías, proteínas o grasa corporal desde hace un tiempo. Su conocida afición al ciclismo y a otros deportes le ayuda a rebajar peso.

El de McLaren se trasladado su residencia de Dubái a Lugano (Suiza), más cerca de la residencia milanesa de su novia, la modelo Linda Morselli.

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