Hasta que el 'Matador' decida

La sombra de la retirada planea sobre la cabeza del madrileño, que se quita una espina que arrastraba desde hace varios años

D. SÁNCHEZ DE CASTRO

Carlos Sainz está en el olimpo de los pioneros españoles como Ángel Nieto, Manolo Santana, Severiano Ballesteros o su buen amigo Fernando Alonso. Pero nada es eterno. Él mismo lo decía antes de partir hacia Sudamérica: «¿Qué va a pasar en 2019? No lo sé. Sé lo que va a pasar en 2018: que voy a correr en este Dakar. Pero vamos, poco más de sí da la cosa». Ese poco es la gran duda que estriba ahora en la mente de los aficionados.

A sus casi 56 años tiene muy claro que no puede seguir muchos más años al nivel que él se exige, no porque no le apetezca, sino porque el cuerpo es el que es, y lleva ya muchos kilómetros de tierra, barro y dunas encima. Lo que es seguro es que no volverá a competir con Peugeot, ya que la marca francesa deja el Dakar y se centra en otras competiciones. Ahora le tocará buscarse un asiento en otro coche competitivo, que eso ya es harina de otro costal. No le faltan ofertas, y Toyota lleva tiempo tanteándole.

Ganar el Dakar como lo ha ganado es, además una reivindicación personal. Los que se mofaban de él por ser, presuntamente, gafe, se han tenido que meter en una cueva. Esta vez la suerte estuvo con él, y de qué manera. No sólo los numerosos problemas, previsibles y que han padecido todos, no fueron suficientes como para dejarle fuera de la carrera, sino que además quienes se fueron quedando lejos de él han sido sus rivales. Nasser Al-Attiyah se dejó sus aspiraciones en la primera semana de competición, pese al arreón final. Stepháne Peterhansel, primero por el polémico Kees Koolen y después por un accidente propio en la penúltima etapa, se despedía de sus opciones. Y ni una caja de cambios rota, ni unos inoportunos pinchazos, ni el 'fesh-fesh', ni las rocas. Nada frenó la conquista del Dakar por parte del 'Matador'.

El Dakar es una de esas pruebas en las que se cumple siempre una máxima: para llegar primero, primero hay que llegar. Sainz manejó los tiempos a la perfección: atacó cuando debía y se sujetó cuando era menester. Dos victorias de etapa, en las durísimas sexta y séptima, un segundo puesto y tres terceros fueron los mejores resultados en trece jornadas de trabajo, en las que Sainz y Cruz dejaron claro que no se les iba a escapar este trofeo 'touareg'.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos