El Comercio

Un psicólogo para Kyrgios

Kyrgios, sentando sobre la pista de Aviva Centre Wayward de Toronto en el pasado Abierto de Canadá, disputado en julio.
Kyrgios, sentando sobre la pista de Aviva Centre Wayward de Toronto en el pasado Abierto de Canadá, disputado en julio. / AFP
  • El australiano acepta ponerse en manos de un especialista para reducir la sanción de ocho semanas por su comportamiento

La actuación de Nick Kyrgios en el Masters 1000 de Shanghái le costó al australiano una sanción de 16.500 dólares (15.000 euros) y una suspensión que no le permitiría volver a las pistas hasta dentro de ocho semanas, aunque será reducida a tres semanas al aceptar ponerse en manos de un psicólogo. El castigo al australiano por dejarse ganar el partido contra Mischa Zverev en Shanghái y por injurias a un espectador es ejemplar y necesario para el australiano, quien ya ha tenido problemas de comportamiento en otras ocasiones.

Sin embargo, el comportamiento supone algo nuevo en el circuito tenístico, que a lo largo de su historia ha vivido diversas faltas de respeto de los jugadores. Si se habla de líos dentro de una pista, el primer nombre que se le viene a la cabeza a cualquier seguidor siempre suele ser el mismo: John McEnroe.

El estadounidense creó un personaje en torno al deportista que era y convirtió el famoso grito de 'You can't be serious' (No puedes hablar en serio) en un clásico a la hora de quejarse de los jueces de línea. Lo que ahora es recordado con gracia en su día le costó graves problema a 'Big Mac'. Las multas y sanciones por insultos dentro de la pista le persiguieron toda su carrera. Desde el 'descubrimiento' en Wimbledon de 1981 hasta sus correctivos más graves en el Abierto de Estados Unidos de 1987, cuando fue multado con 10.000 dólares (9.000 euros) y dos meses sin poder jugar. En Australia (1990) fue descalificado tras increpar a los jueces, tirar bolas fuera de la pista y gritar al público.

Otro norteamericano tildado de rebelde toda su carrera fue Andre Agassi. En su biografía 'Open', el jugador de Las Vegas asegura que odió el tenis y que sus actos de rebeldía eran la respuesta a ello. El pelo teñido o los pantalones vaqueros como prenda deportiva daban buena cuenta de ello. Entre sus mayores problemas dentro de la pista destacan las descalificaciones en San José e Indianápolis por insultar al juez de silla y lanzar bolas fuera de la pista. El caso de Agassi puede recordar al de Kyrgios. Sin embargo, Agassi es recordado como una leyenda del tenis. Ocho Grand Slam, una medalla de oro olímpica, la Copa Davis y 101 semanas como número uno muestran el 'odio', pero también el respeto que el estadounidense le tuvo a su profesión. Algo que el australiano aún no ha aprendido.

No todo han sido conductas reincidentes en el circuito. La ATP ha sancionado hechos puntuales que excenden los límites del respeto. Uno de los casos más sonados ocurrió en la final de Queens en 2012. El argentino David Nalbandian, tras perder un punto, pateó una valla de protección de uno de los jueces de línea y golpeó en la pierna del propio árbitro. Le costó la descalificación de la final y la pérdida del dinero que ganó en el torneo. Ese mismo año dejó también otra imagen para el triste recuerdo. El chipriota Marcos Baghdatis durante un descanso rompió cuatro raquetas de manera consecutiva apoyado con el jaleo del público. La ATP le sancionó con 1.250 dólares (1.137 euros).

«Te voy a matar»

El circuito femenino también ha vivido escenas dantescas. En 2009, Serena Williams fue descalificada en semifinales del Abierto de EE. UU. porque una juez de silla pitó una falta de pie y la norteamericana le respondió: «Te voy a matar» . Tampoco se salva el tenis español de imágenes sonrojantes. Fernando Verdasco protagonizó en la final de Niza 2010 uno de los enfados más buscados en Youtube. En un partido con Richard Gasquet, el madrileño lanzó insultos contra la grada, repleta de franceses. Pese a los reproches del juez de silla el madrileño no fue sancionado.

Los castigos y los enfados por parte de los tenistas no son nuevos. El problema llega cuando las nuevas generaciones muestran la despreocupación y el desprecio hacia el deporte que les da de comer. El compatriota de Kyrgios Bernard Tomic ya lo demostró a comienzos de este año cuando en mitad de un partido se dijo a sí mismo en voz alta: «Ve a Miami a conducir tu Ferrari, no necesitas estar aquí». El australiano confirmó poco tiempo después que había llegado a conducir su coche a 352 km/h.

Las continuas faltas de respeto hacia el deporte, los aficionados y los compañeros son algo habitual en los últimos tiempos. Si la ATP no actúa se corre el peligro de que las nuevas generaciones tomen como ejemplo a tenistas como Kyrgios, que no hacen sino desprestigiar uno de los deportes más caballerosos.