TENIS

Veinte grandes para Roger Federer

Roger Federer llora al recibir el trofeo de campeón. /  REUTERS
Roger Federer llora al recibir el trofeo de campeón. / REUTERS

El suizo derrota a Cilic en cinco sets y conquista su sexto Abierto de Australia y vigésimo 'Grand Slam', cuatro más que Nadal

MANUEL SÁNCHEZ

«Uno más. Uno más, y será suficiente». «Un grande más y podrá retirarse en paz». No son eslóganes ni predicciones, sino la cantinela que Roger Federer escucha desde 2012, cuando, ya superada la treintena, acostumbraba a apuntarse torneos de 'Grand Slam' de forma habitual y su final parecía aún lejano. Seis años después, pocos se aventurarían a pensar que el suizo, con problemas físicos ya en 2012 y a merced de la tiranía emergente de Rafa Nadal y Novak Djokovic, seguiría en el circuito. Y muchos menos apostarían por la tranquilidad con la que se pasea y con la que aún es capaz de ser el mejor del mundo.

Ni un Marin Cilic encendido, con hambre del éxito que el de Basilea ya le arrebató en el pasado, fue capaz de frenar al único hombre en la historia en alcanzar los veinte torneos de 'Grand Slam', un hito que sí consiguieron en el pasado Margaret Court (24), Serena Williams, aún en activo, con 23, y Steffi Graf, con 22. Roger Federer venció a Marin Cilic, por 6-2, 6-7 (5), 6-3, 3-6 y 6-1, en tres horas y seis minutos y firmó su sexto Abierto de Australia (2004, 2006, 2007, 2010, 2017 y 2018), con lo que iguala a Novak Djokovic y Roy Emerson como los que más veces han ganado este título.

No fue una final bonita. Dicho sea de paso, cabría calificarla de fea. Sin muchos intercambios largos y con demasiados errores no forzados, el partido subía y bajaba y se dividiría, como las buenas obras de teatro, en cinco actos: uno por set. El primero claramente decantado para el suizo, gracias a un 'break' en el primer juego tras un remate desastroso de Cilic, quien recuperó para su causa a los fantasmas del pasado Wimbledon. Estaba rojo, estresado y con demasiada presión. No era por el calor, ya que el techo se cerró por las altas temperaturas, que superaron los 38 grados. Pero a Cilic, capaz de eliminar a Nadal en cuartos o liquidar a Federer en las semifinales de Nueva York en 2014, las finales parecen quedarle grandes cuando es uno de los mejores quien está enfrente.

Volvió a llorar

Un comienzo decepcionante apremiaba una final como la de Wimbledon, saldada en tres sets fáciles para el suizo, pero Cilic, con hambre en la mirada y fuego en la raqueta, igualó las cosas en el desempate del segundo set. El tercero supuso un mero trámite para Federer, apoyado en un primer servicio que fue excelso durante casi todo el partido (80% de primeros servicios ganados y 24 aces), pero que, en su único resquicio, casi le cuesta el partido.

El quinto set prometía emoción a raudales, pero Cilic, blando como un azucarillo, encogió el brazo, no aprovechó las heridas del suizo -en el primer juego dio dos oportunidades de rotura- y se inclinó sin apenas lucha en el clímax suizo.

Su victoria y la eliminación temprana en cuartos de final de Nadal le colocan a 155 puntos del balear, con la seria oportunidad de superarle en los próximos torneos, pese a que Federer defiende las coronas de Indian Wells y Miami (2.000 puntos). «Estoy feliz. Es un cuento de hadas, un sueño hecho realidad», expresó Federer tras levantar la copa e instantes ante de ponerse a llorar sobre la pista azul de Melbourne. Como ya le ocurrió en 2009, tras ceder ante Nadal. Sus lágrimas, acompañadas por las de su familia, con el público encendido y con Rod Laver grabándolo en su teléfono móvil, se desbordaron con 36 años y 20 grandes.

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