El Comercio

Cuando la pensión está completa

Cuando la pensión está completa
  • «Daríamos la vida por nuestros hijos y nietos, ¿cómo no vamos a ayudar con la paga?», coinciden jubilados asturianos

  • Los abuelos son el 'flotador' de la economía de miles de familias

«Tengo una paga de 1.200 euros, cuatro hijos y siete nietos a los que he ayudado y ayudaré cuando les haga falta. Si hay que comer solo patatas, se comen patatas, como ya hicimos en otros tiempos». Lucía López no titubea cuando habla de su incondicional disposición a apoyar a su familia. Con la suya vino desde Cáceres a Asturias cuando tenía «tres o cuatro añitos» y a los cinco perdió a su padre en un accidente de mina en Moreda (Aller).

A su marido también se lo llevó la mina, pero más lentamente. Murió tras ocho años de penosa silicosis. Lucía soñaba con llegar a viajar algún día, pero después de ocuparse de los hijos, de su esposo enfermo y de trabajar de cocinera durante años; ahora, una vez jubilada, le toca también ocuparse de su progenitora, de 86 años. «Tenía pensado conocer Lérida con el Imserso, pero tengo a mi madre ingresada en el hospital». Pese a su sacrificada vida, tiene una amplia sonrisa que se le agranda cuando piensa en su descendencia. «Soy feliz comprándoles cosas, aunque algunas no las necesitan», reconoce. Sí les apoya pagando algunas clases extraescolares o «cuidando de los nietos más pequeños», una labor que hace con mucho agrado. A su hijo mayor, un deportista de élite que vive en Barcelona, le ayudó durante el año en que estuvo en el paro. La tercera de sus hijos está ahora también n el desempleo. Lucía sigue «tocando madera».

Felicísimo González Díez, «alias Félix, porque es más corto», también vive entregado a su mujer y sus dos hijas. «Tendrán mi apoyo siempre», afirma. Buscando la mirada cómplice de sus compañeros, asegura que «daríamos la vida por nuestros hijos y nietos, ¿cómo no vamos a ayudarles con la pensión?». Poco más se puede decir para ilustrar la inmensa generosidad de los abuelos. Una figura que en los últimos años se ha convertido en el 'flotador' de la economía de miles de familias en Asturias y en el conjunto de España, y así se mantendrá mientras el empleo no recupere los niveles previos a la crisis.

Los cuidadores

Felicísimo o 'Félix' nació en 1952 en un pueblo de Valladolid, pero al poco tiempo su familia se trasladó a Asturias; primero a Mieres, donde vivieron durante 18 años, y luego a Gijón, donde reside desde entonces. Sus hijas, Lorena y Sonia, tienen tres niños entre las dos, de uno, tres y ocho años. El próximo mes de marzo se cumplirán tres años desde que ambas abrieron una peluquería. Antes, cuando estaban en casa, su padre las ayudaba económicamente. «Ahora las apoyamos cuidando de los nietos dos días a la semana, así no hay que pagar guardería. También vienen a nuestra casa a comer casi todos los domingos y algún otro día entre semana. Y que sigan viniendo». Solo así siente que su casa está completa. Lo mismo que su paga de pensionista.

Félix es jubilado del naval. «Me he pasado toda la vida en Naval Gijón, en las labores de chorro y pintura. Me jubilé en noviembre de 2012, y lo llevo bien», dice. Esa alegría se transforma en una mueca de preocupación cuando se le pregunta por sus sueños cuando estaba en el astillero y pensaba en el ansiado retiro. «Soñaba con llevar a mi mujer de viaje, pero ahora tenemos que ocuparnos de tres nietos pequeños y otra 'nieta' de 88 años, mi suegra, que vive con nosotros. Eso sí es un sacrificio».

«Fallan los servicios sociales»

Alonso Gallardo, otro pensionista que ahora se dedica al sindicalismo activo en la CSI, aprovecha este último comentario de Félix para meter baza. «Fallan los servicios sociales. El problema de las pensiones se agrava con la decadencia de los servicios sociales. No hay cobertura para atender a nuestros mayores, ni en los hospitales ni en las residencias del ERA».

Alonso se jubiló hace tres años, cumplidos los sesenta. Era funcionario de justicia y, «por mi trabajo, me tocó ver muchos desahucios. He visto cómo los hijos y luego los padres perdían sus respectivas casas y seguía la deuda». Su tono se vuelve casi apocalíptico cuando se centra en las pensiones. «Con la precariedad de empleo que hay ahora, la gente no va a tener cotizados 37 años y las pensiones serán ínfimas. Si, además, a los pensionistas se le quita una paga o se les recorta la pensión, van a pagar quienes menos tienen. Este sistema no está dando ninguna respuesta a la sociedad. Nos están llevando a fondos de pensiones privados que un día pueden hacer 'crack' y te dejan sin un euro».

Nació en Badajoz, pero lleva viviendo desde los siete años en Gijón. Recuerda que en cuanto su padre pudo conseguir un empleo, alquiló «un piso patera», porque allí «acogíamos a familiares y amigos del pueblo que también ayudaban al pago del alquiler. Hoy la historia se repite, solo que, en esos años 50 o 60, estábamos entrando en el Estado del Bienestar y ahora estamos asistiendo a la decadencia del sistema. Lo advierten hasta economistas y premios Nobel».

Sobre el planteamiento de la que repite como ministra de Empleo, Fátima Báñez, para hacer compatible tener un empleo y cobrar el 100% de la pensión, Gallardo se muestra escéptico: «Un absurdo total. ¿Quién diablos va a dar trabajo a un pensionista?».