Los peligrosos cargos de Consejero Delegado y sus implicaciones laborales y de responsabilidad personal

  • Hace ya tiempo, vino a consultarme un cliente joven, con estudios universitarios, el cual había sido contratado por una empresa, para más señas una fábrica de ventanas, en el departamento de administración

Según me contó, a los seis meses de llevar trabajando, tanto a él como a otros dos contratados en circunstancias similares, el dueño de la fábrica les puso de manifiesto que eran precisas nuevas inversiones pues la competencia era dura y si no, podría suceder que la bajada en ventas que estaba acusando, les llevasen al cierre de la empresa y por lo tanto, a la pérdida de sus contratos de trabajo.

Les propuso formar parte del Consejo de Administración, como socios que iban a ser y les remitió a una entidad bancaria que estaba dispuesta a darles financiación.

Los jóvenes, que obviamente no tenían recursos económicos, ilusionados al inicio de su andadura profesional, y en concreto mi cliente ya casado y con un préstamo hipotecario para su pequeña vivienda, obtenido con el aval de sus familiares, aceptaron la propuesta, firmaron el contrato de préstamo para aportar su importe a la sociedad y fueron incorporados al Consejo de Administración de la empresa, en el caso de mi cliente, en calidad de Consejero Delegado.

Ni que decir tiene que el dinero aportado desapareció en el escaso tiempo de tres meses con dudoso destino a manos del dueño de la empresa, quien una vez obtenida la aportación de capital de los jóvenes, siguió administrándola a su antojo y a espaldas de los jóvenes Consejeros.

La sociedad cerró a los seis meses de producirse la aportación por parte de mi cliente y se encontró en la calle, sin sueldo, ni paro, puesto que el cargo de consejero delegado no tiene carácter laboral y por lo tanto no da derecho a indemnización, paro, ni a ninguna otra prestación que ampara la legislación laboral.

Consecuentemente no pudo atender las cuotas del préstamo bancario solicitado y le empezaron a llover reclamaciones por derivación de la responsabilidad de la sociedad que había impagado a Hacienda y a la Seguridad Social, así como de otros acreedores de la empresa quienes optaron por ir contra su vivienda y demás bienes del matrimonio, incluido el salario de su esposa.

Y es que en las PYMES especialmente, pocos profesionales conocen que el formar parte del Consejo de Administración, y muy especialmente el nombramiento como Consejero Delegado, tiene importantísimas implicaciones legales y de responsabilidad personal para el nombrado. En idéntica situación estarán los nombrados en calidad de Administradores Únicos o solidarios de la empresa.

Existe jurisprudencia consolidada (esto es, sentencias del Tribunal Supremo en el mismo sentido desde el año 1992 iniciadas con la revisión del caso Huarte, importante empresa española de aquélla época) que declararan el carácter no laboral del cargo de Consejero Delegado y Administrador Único o solidario.

A lo que se suman, las derivaciones de responsabilidad en el ámbito mercantil, reguladas por la Ley de Sociedades de Capital, que generan, en los casos en que la administración de aquéllas no haya resultado exitosa (especialmente en el supuesto de pérdidas o insolvencia ) y no se hayan tomado las medidas legales previstas, la derivación de responsabilidad personal al Consejero o Administrador y su esposa.

Ello supone también que éste deba cotizar a la Seguridad Social en el régimen de autónomos, a su cargo. De modo que aunque en teoría, se lo pague la empresa para la que trabaje, lo cierto es que su coste le será imputado a efectos fiscales, como un ingreso y por lo tanto pagará a Hacienda como tal.

En conclusión: Si Vd. no es el dueño de la empresa o tiene una participación significativa en aquélla, mejor opte por que le nombren Director General con amplios poderes y a ser posible firme un contrato de alta dirección para proteger al máximo sus derechos, y evite formar parte del Consejo de Administración. Y si no tiene esa opción, otorgue capitulaciones matrimoniales para evitar, en caso de derivación de responsabilidad, que afecte al patrimonio familiar en lo que respecta a su esposa y sobre todo, busque el consejo de su abogado.

Elena Mazón Heras