«Casi todos los años tenemos alguna tentativa de compra, pero El Gaitero no está en venta»

José Cardín, junto a la sidra embotellada en su planta de El Gaitero en Villaviciosa.
José Cardín, junto a la sidra embotellada en su planta de El Gaitero en Villaviciosa. / JOAQUÍN PAÑEDA

José Cardín, vicepresidente de Valle, Ballina y Fernández (El Gaitero): «Estamos esperando las licencias de Gijón para que la nueva planta de conservas cárnicas esté operativa este mismo año»

SUSANA BAQUEDANO GIJÓN.

Descendiente directo de los Fernández del siglo XIX, los únicos accionistas fundadores que quedan de la compañía Valle, Ballina y Fernández, José Cardín (Villaviciosa, 1942) sigue al pie del cañón en El Gaitero, la fábrica de vida, la que él mismo recorre varias veces a diario y que recibe 35.000 personas cada año. «Queremos que la gente salga contenta por lo que ha visto y por el trato recibido. Nuestro nombre va a asociado a Villaviciosa y a Asturias, y esa es nuestra responsabilidad y nuestro orgullo». El vicepresidente de esta empresa familiar, con 127 años de historia y en la quinta generación, confiesa que cada año son 'cortejados' por algún grupo o fondo de inversión, pero la sociedad «no está en venta». Muy al contrario, sigue en su proceso de diversificación lento pero seguro y en su expansión internacional, siempre conscientes de que sus compromisos se mantienen como en el inicio de la historia de esta empresa centenaria, apegados al entorno geográfico, social y familiar.

-En el discurso que ofreció recientemente en el homenaje que le rindieron SabadellHerrero y el IDEPA, usted mismo contó que visita la bodega entre tres y cuatro veces en una misma jornada. ¿Cómo es su día a día?

-La bodega es un lugar de paso y tengo la constumbre de recorrer las instalaciones todos los días al menos tres veces: a primera y última hora de la mañana y por la tarde. Me gusta comprobar que todo marcha bien y que me cuenten si hay algún inicidente.

-¿Qué recuerdos tiene de su infancia en la fábrica?

-Solía venir con mi padre, que era el gerente, los sábados y los domingos, porque entre semana tenía colegio. Mi padre era médico y compaginaba su labor en El Gaitero, que respondía a una petición familiar, con la atención a sus pacientes en el núcleo rural de Villaviciosa. Los sábados y domingos nos enseñaba la fábrica a mis hermanos y a mis primos, y le cogimos afición. Aprovechábamos también para bañarnos en la ría, porque teníamos el muelle al lado. Eran épocas difíciles, en las que no se sabía si habría o no embarques para América, pero las recuerdo con muchísimo cariño.

-Estudió ingeniería y se fue a trabajar al País Vasco. El Gaitero no estaba entre sus planes profesionales.

-Al acabar la carrera me incorporé al astillero La Naval de Sestao. Allí me casé y tuve a mi hija, María. Con el intento de Ruiz Mateos de comprar la empresa, hubo consenso en la familia para que me integrara en el equipo de trabajo que ya existía. Por circunstancias de la vida, me reconvertí de ingeniero a sidrero.

-¿Cómo sortearon la crisis económica?

-Bien. Fue un pequeño bache pero no nos afectó tanto como a otros porque nuestros productos no son de consumo diario. Van más asociados a hechos puntuales de celebraciones en las que no se mira tanto el bolsillo y se tira la casa por la ventana, como Navidades, bodas, cumpleaños o todo tipo de eventos. En otras zonas, como el Levante, es la bebida del verano. Es una bebida barata, demasiado barata, y nosotros mantuvimos los mercados pese a la crisis.

-¿Y ahora notan el repunte del consumo?

-Cuando hay alegría en el consumo, se nota. Todo influye, hasta el estado de ánimo, porque cuando estamos pesimistas gastamos menos. No estamos en un momento malo, pero tampoco es boyante. Desde que se incorporó la quinta generación a la sociedad se hizo un esfuerzo por adaptar los productos a los nuevos consumidores y nuevos gustos. Además de sidra con Denominación de Origen, tenemos sidras de diseño, de mayor valor añadido, y se venden bien. Ya no se mira tanto el precio.

-El Gaitero se asocia más a sidra espumosa, pero es mucho más. Su oferta va desde los turrones hasta conservas cárnicas.

-Presumimos de tener un turrón muy bueno. Empezamos a hacerlo en el puente del Pilar para que llegue a Navidad fresquísimo. Lo hacemos en un obrador artesanal con 50 años de antigüedad. El turrón no lo vendemos, nos lo compran. También tiene mucho éxito el dulce de manzana. Y ahora estamos potenciando las conservas cárnicas.

-Precisamente anunciaron que tienen previsto trasladar su fábrica de conservas cárnicas a Gijón.

-Estamos esperando las licencias de Sanidad y del Ayuntamiento de Gijón, que esperamos que se resuelvan lo antes posible, para que la planta esté operativa este mismo año. En la nueva fábrica vamos a dar un paso más en el diseño exterior. Además, vamos a obtener la homologación de productos cárnicos para poder exportar a Estados Unidos.

-¿No le temen a Trump?

-Somos casi apolíticos. Procuramos llevarnos bien con todo el mundo y nos adaptamos y respetamos el funcionamiento que tenga cada país.

-¿Se sienten arropados en Asturias?

-Más de lo que nos merecemos. Con la Ley de Costas hubo un intento de expropiarnos y la respuesta de toda Villaviciosa, de movimientos populares, así como de las instituciones y del empresariado asturiano fue de apoyarnos. Nos sentimos muy reconfortados. Luego tuvimos la gran suerte de que encontramos los documentos que nos daban la razón.

-¿Les han 'cortejado' recientemente?

-Casi todos los años tenemos alguna tentativa de algún grupo empresarial o fondo, pero El Gaitero no está en venta. No despreciamos nada, pero tampoco les hacemos mucho caso más allá de comunicarlo al consejo de administración y a los accionistas. Solo en dos ocasiones, con un grupo inglés y otro francés con los que habíamos tenido una relación anterior, llegamos hasta conocer qué precio estaban dispuestos a pagar. Teníamos curiosidad por conocer nuestro valor. Cuando Ruiz Mateos quiso comprar la participación de Ballina, nuestra familia estaba dispuesta a pagar más que él y no sé si llegó a enterarse de ello. No tenemos ninguna intención de vender. Al contrario, si hay algo interesente para comprar, lo compramos.

-¿Y tienen algo entre manos para comprar?

-De vez en cuando surge alguna cosa, pero la analizamos sin poner nuestra salud en riesgo. Antes de mejorar no hay que dar pasos que te lleven a empeorar. Eso lo aprendimos de nuestro padre. Como médico decía que antes de tomar un medicamento que pudiera curar algo, había que saber si esa medicina podía empeorar otra cosa.

-Han logrado crear una gran sociedad muy diversificada y en diferentes puntos de la geografía.

-Aprovechamos oportunidades de inversión que tienen posibilidad de crecimiento. En La Rioja, por ejemplo, tenemos una bodega con otros socios; En Zaragoza, una fábrica de mostos; en Galicia tuvimos una fábrica de conservas de pescado y ahora somos el principal accionista de una factoría de harina de pescado; en Oviedo, una firma de artes gráficas; en Gijón, una empresa de fabricación de piezas de polyester y barcos de recreo y también participamos en Torsa Capital.

-Pujaron por Fuensanta.

-Sí, y al final nos quedamos con la planta de enlatados líquidos de Meres.

-Tienen en su ADN el gen de la emigración. ¿Qué porcentaje destinan a la exportación?

-Entre un 20 y un 25% de nuestra facturación. Tenemos una sociedad, La Asturiana, S. A., que fabrica sidra en Argentina y el Cono Sur. Pero desde Asturias exportamos a otros países latinoamericanos, a gran parte de Europa, a Japón y a China.

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