Arcelor advierte de que la obra de las baterías de cok no admite ya más retrasos

Las baterías de cok de ArcelorMittal en Gijón, que dejaron de funcionar en 2013. / DAMIÁN ARIENZA

El permiso para iniciar los trabajos de construcción de los nuevos hornos aún podría tardar más de un mes. Mientras, se está instalando una cubierta para proteger el refractario

AIDA COLLADO GIJÓN.

Había cierto margen, pero, poco a poco, trámite administrativo tras trámite administrativo, se ha ido consumiendo. Arcelor aún confía en cumplir los plazos iniciales fijados para la reconstrucción de las baterías de cok de Gijón -la primera podría estar operativa a comienzos de 2019, mientras que la segunda estaría lista a finales de ese mismo año-, pero el tiempo cada vez se le echa más encima. Los permisos del Principado para comenzar los trabajos de construcción del refractario aún podrían tardar más de un mes y la multinacional tiene marcada una clara línea roja en el horizonte: el cese de la actividad en las baterías de la empresa en Avilés. Estas dejarán de funcionar, precisamente, en 2019 y es capital que, para entonces, las instalaciones de Gijón ya se encuentren funcionando a pleno rendimiento.

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En lo que a retrasos administrativos se refiere, llueve sobre mojado. La declaración de impacto ambiental necesaria para proceder al derribo de las obsoletas baterías de de la factoría gijonesa también se hizo esperar varios meses, después de que la Consejería de Infraestructuras y Medio Ambiente informase de que para la mencionada aprobación faltaba el informe de la Confederación Hidrográfica. Dicho documento tardó en llegar y el colchón de tiempo con el que contaba el gigante del acero para no poner en riesgo su actividad en Asturias comenzó a esfumarse.

No es que en la planta gijonesa estén esperando con los brazos cruzados. Mientras llegan los permisos, los operarios están instalando una cubierta sobre los restos de los 90 hornos ya demolidos, para proteger de la humedad al nuevo refractario cuando, al fin, se construya. Pero poco más hay que hacer hasta que la Administración dé el visto bueno.

Es uno de los puntos que se trató en la reunión del miércoles en La Granda, en la que el CEO de la División Suroeste de Planos Europa, José Manuel Arias, se reunió con los trabajadores para informarles de la situación del grupo en Asturias. Una situación, en el caso de largos (carril y alambrón), que lleva perdiendo dinero todo el año, tildó de «preocupante».

La dirección de la compañía considera que la fiabilidad y el rendimiento de sus factorías en Asturias no son los que debieran y, por esa razón, están perdiendo competitividad no solo con respecto a otras plantas del grupo (como Dunquerque, Gante y Bremen) sino también con sus competidores. En este sentido, la multinacional sigue de cerca el avance de empresas como Thyssenkrupp o Tata Steal, que han acordado la fusión de sus divisiones de acero en Europa.

Una de sus preocupaciones es la productividad de las plantas asturianas, pero también los problemas de mantenimiento y control de los procesos en las instalaciones, que causan paradas no programadas que la dirección quiere evitar.

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