El Comercio

El exsecretario del consejo de Caja Madrid tumba la versión de los exconsejeros sobre el uso de las 'black'

El exsecretario de Caja Madrid, Enrique de la Torre, declarando en la Audiencia Nacional.
El exsecretario de Caja Madrid, Enrique de la Torre, declarando en la Audiencia Nacional. / Efe
  • De la Torre, también acusado, niega que las polémicas tarjetas formaran parte de la retribución y sostiene que solo eran para "gastos de empresa"

  • Explica el apelativo de 'black' porque el efecto fiscal de esos abonos era "neutral" para sus usuarios al "cargarse contra la sociedad y no tener repercusión en el IRPF"

Hubo que esperar al último día de los interrogatorios a los 65 ex altos cargos de Caja Madrid y Bankia acusados por el despilfarro de las llamadas tarjetas ‘black’ (15,5 millones de euros gastados con ellas entre 1999 y 2012) para que saltara la principal sorpresa de un juicio que, poco a poco, parece despejar algunas dudas. Pese a lo dicho por buena parte de ellos en sus declaraciones de los últimos días, parece ganar enteros la tesis de que esas tarjetas no serian un complemento retributivo sino que servirían, como otras comunes en muchas empresas, para realizar gastos de empresa. Así sería, al menos, en el caso de quienes formaban parte del consejo de administración de ambas entidades aunque sin tener un cargo ejecutivo.

Esa es la versión que presentó este lunes ante el tribunal de la Audiencia Nacional que les juzga uno de los propios acusados, cuyo puesto era clave para conocer parte de los entresijos de las tarjetas. Enrique de la Torre, que fue secretario del consejo de administración entre 1996 y 2009 -es decir, prácticamente durante toda la presidencia de Miguel Blesa- , dejó muy en entredicho a buena parte de sus compañeros de banquillo al explicar que la única retribución como tal que tenían esos consejeros eran las dietas de asistencia. “Con ellas -explicó a preguntas del fiscal- se compensaban los gastos, las funciones consultivas y las responsabilidades que conlleva el cargo”.

Y es que De la Torre trató en todo momento de dejar claro que las denominadas ‘black’ no formaban parte del sueldo de los miembros del consejo, ni tampoco eran una remuneración específica para ellos. De hecho, apuntó que no hay artículo alguno de los estatutos de la caja de ahorros que justificara que unas tarjetas que solo debían servir para gastos profesionales se “desviaran” hacia desembolsos particulares y de interés personal. Tan claro tenía ese aspecto, señaló, que “nunca se llevó el tema a la comisión de retribución porque allí no se veían ningún tipo de gastos, solo remuneraciones; de ahí que no aparezcan las tarjetas en las actas”.

El fiscal Alejandro Luzón, muy interesado -como cabía esperarse- en que aclarara si todos los miembros del consejo podían distinguir bien cuáles eran los usos permitidos para sus tarjetas, le insistió sobre la cuestión. "No hay más que ver la composición del Consejo, secretarios de Estado de Hacienda, de Comercio, un presidente de la patronal..." para ver que "todos ellos sabían mejor que yo lo que era una tarjeta de gastos de representación", le respondió el exsecretario para justificar que, a su juicio, tenían capacidad de sobra para entender las diferencias.

Dos clases de tarjetas

En cuanto al resto de acusados que sí ocupaban puestos ejecutivos en Caja Madrid -al marcharse antes de la creación de Bankia dijo desconocer qué pasó allí- sostuvo que en su caso disponían de una tarjeta como complemento retributivo y otra para gastos de empresa. "La diferencia está en que nosotros éramos empleados y ellos eran administradores", argumentó en referencia a los consejeros en general. Asimismo, dijo que el propio Estatuto de los Trabajadores, “en el artículo 29, dispone que el salario se puede realizar en efectivo, cheques o cualquier otro procedimiento incluyendo también instrumentos de crédito".

Respecto al intento de algunos acusados de exculparse aludiendo a que fue él quien les dijo como había que utilizar las tarjetas ‘black’, De la Torre lo tachó de “desfachatez” por su parte, “Ellos eran los administradores -enfatizó su respuesta-, yo no daba instrucciones a nadie; en todo caso, ellos podían darme indicaciones a mí porque era un empleado". Lo único que sí les dijo a varios, según admitió, fue el límite de gasto “porque así me lo pidió el presidente (Blesa)” y añadió que solo dos consejeros, Rodolfo Benito y Mercedes Rojo, le preguntaron realmente cómo se podían usar. “Les aclaré –apuntó- que se trataba de gastos para comidas, libros o locomoción, siempre relacionados con la actividad de la empresa y la de consejero".

Del resto de personas que se refirieron a él, dejó entrever que habrían mentido al tribunal aunque sin usar ese término. Así, por ejemplo, negó que hubiera entregado su tarjeta a Arturo Fernández (como éste sostiene), expresidente de la patronal madrileña, porque en aquella época él ya no estaba en el cargo. Y en el caso de Estanislao Rodríguez Ponga, que antes de consejero fue secretario de Estado de Hacienda, le reprochó que por su experiencia profesional debía haber conocido antes la situación de las ‘black’.

Precisamente la explicación de por qué empleó por vez primera esa polémica denominación (en un correo electrónico de septiembre de 2009) resultó reveladora. “Dije que eran ‘black’ a efectos fiscales –explicó- porque eran neutrales en la medida que, como gastos de empresa, se cargaban contra la sociedad y no tenían repercusión alguna en la declaración de la renta de los consejeros porque no era una retribución”. “Esos gastos eran asumidos por la caja y , por lo tanto, se deducían del impuesto de sociedades", insistió una y otra vez para distinguirlas de las otras tarjetas que sí eran complementos retributivos y que se incluían en el certificado anual de retenciones que se les entregaban para el IRPF.