El camino de la resurrección de Duro

La sede principal de Duro Felguera, ubicada en Gijón. / EFE
La sede principal de Duro Felguera, ubicada en Gijón. / EFE

En sus 160 años de historia ha sorteado numerosas crisis, algunas derivaron incluso en violentas protestas | La ingeniería asturiana afronta tres meses decisivos en los que deberá ajustar su plantilla y sus costes, refinanciar la deuda y ampliar capital con nuevos inversores

SUSANA BAQUEDANO GIJÓN.

¿Cómo es posible que un gran grupo industrial, de prestigio internacional, con un equipo de profesionales altamente cualificado y más de 2.000 millones pendientes de contratar por falta de avales, puede llegar a verse en una situación tan extremadamente compleja como la que se encuentra Duro Felguera en estos momentos? La mayoría -bancos, sindicatos y la actual dirección de la empresa- coincidieron en el diagnóstico, reiterado a lo largo del último año: hubo una «mala gestión».

La compañía asturiana se adentra en el que espera que sea el camino de su resurrección. Los próximos meses serán decisivos. El próximo domingo, 15 de abril, concluye el plazo para la renovación del 'standstill' o acuerdo de espera con la banca acreedora. Ambas partes dan por hecho que volverá a ampliarse dicho plazo, porque ahora toca desarrollar la hoja de términos acordada.

Este documento recoge, por un lado, la refinanciación que compete a las entidades financieras, y por otra, la reestructuración que corresponde a la empresa. Ambas partes tienen que hacer los deberes. En lo que respecta a la banca, el 'pool' (integrado por Banco Santander, Caixabank, Banco de Sabadell y Banco Popular, Bankia, BBVA, Banco Cooperativo Español y Liberbank) propone una quita del 73,4% de la deuda, que se sitúa en los 320 millones de euros, y una inyección de dinero fresco de 25 millones de euros. Además, la banca estaría dispuesta a acordar un plan de avales por otros 100 millones de euros, que serían a aportados al 50% por las entidades financieras y la empresa. Para ello, Duro Felguera se comprometería a ofrecer garantías de proyectos o desinversiones. Todo ello está condicionado a que la compañía acometa una ampliación de capital de entre 100 y 125 millones, una operación que podría realizarse en el mes de junio. A la vez, el grupo busca un socio inversor que, a poder ser, conozca bien este sector industrial.

Y para atraer a potenciales inversores, la dimensión de la nueva Duro Felguera deberá ajustarse a su actual situación financiera. Por ello, hace diez días, en vísperas de las vacaciones de Semana Santa, la dirección de informaba al comité de empresa de Asturias y a los trabajadores del centro de Madrid, que carece de comité, sobre su intención de iniciar el procedimiento para la extinción colectiva de los contratos de trabajo de una parte aún indeterminada de la plantilla. Aunque la sociedad no quiso dar cifras, otras fuentes cercanas a la empresa estiman que la cifra máxima del ajuste se sitúa cercana a los 600 empleados. Se trataría de un ajuste que podría afectar al 25 o 30% de la plantilla total del grupo, formada por unos 2.000 trabajadores.

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La negociación de este ERE llevará su tiempo, pues al menos hasta mediados de mayo no acaba el periodo de consultas. Durante la semana que comienza mañana debería quedar constituida la comisión negociadora.

Duro ya tiene experiencia en vivir al filo de la navaja. En sus 160 años de vida ha sorteado duras crisis. Es a partir de 1976 cuando se produce la primera situación grave, como consecuencia del inicio de los procesos de desmantelamiento de las grandes compañías minero-siderúrgicas y en la propia empresa, tras la marcha de tres grandes ejecutivos que habían pilotado la transformación de la vieja Duro en una nueva empresa: Luis Urquijo; que dimitió a finales de 1975; José Luis Baranda Ruiz, que dejó Duro por Ensidesa en la primavera de 1975, y Secundino Felgueroso, que por problemas de salud dejó el cargo directivo en otoño de 1976. De 1981 a 1983, gracias a las obras del Plan Energético Nacional, Duro pudo mantener su actividad industrial de bienes de equipo. Más tarde llegaría la crisis al que luego sería su principal accionista, Banco Urquijo, lo que conllevó un complejo conflicto laboral, hasta con quemas de sucursales en las cuencas.

Ramón Colao fue catapultado a la presidencia del grupo en 1993, otro momento crítico para el grupo industrial, con pérdidas millonarias y un grave conflicto laboral y social en el Nalón, el valle donde había sido fundada Duro. La compañía había presentado en septiembre de 1993 un expediente de extinción para despedir a 232 trabajadores de Felguera Melt y el Taller de Barros, una medida que desencadenó una larga movilización con barricadas, destrozos, huelgas de hambre y un encierro de 318 días en la Catedral de Oviedo.

Colao también tuvo que afrontar desafíos como la salida del BCH del accionariado del grupo, la entrada y posterior salida de su accionariado del conglomerado alemán Metallgesellschaft -que se veía como socio y aliado tecnológico- y los ataques de un grupo de accionistas -básicamente fondos de inversión y de pensiones- que habían tomado importantes posiciones en el capital de la compañía y exigían resultados a la cúpula. Colao, con el apoyo de la patronal Fade, logró convencer a un grupo de empresarios asturianos -Melca, Imasa y TSK- para que entraran en el accionariado y conformaran, junto con el equipo directivo, un núcleo estable de socios asturianos que aportasen estabilidad al grupo y le blindaran de posibles ofertas hostiles de compra. Años después, en 2000, el empresario Gonzalo Álvarez Arrojo también apostó por la compañía y hoy su familia es la principal accionista.

La última junta general de accionistas, celebrada el 22 de junio del pasado año, fue plácida. La calma que precede a la tempestad. No hubo ni una sola pregunta por parte de los 150 accionistas presentes ni por parte de ninguno de los que estaban representados en el salón Covadonga del Hotel de la Reconquista. El entonces presidente, Ángel Antonio del Valle, reconoció que el ejercicio de 2016 había sido «malo» para la entidad, con un resultado neto consolidado de unas pérdidas de 18 millones de euros, pero a la vez presentó 2017 como el inicio del despegue de la ingeniería asturiana. Nada más lejos de la realidad.

El 14 de marzo, el grupo presentaba a la CNMV las cuentas de 2017, los peores resultados de su historia con unas pérdidas de 254,5 millones de euros. Ni la empresa había despegado como predijo Del Valle ni él es ya presidente. Acacio Rodríguez cogió las riendas en noviembre y pilota desde entonces la nueva Duro.

El reto que tiene por delante la nueva dirección del grupo es importante, pero se muestra «optimista». Sus integrantes confían en el prestigio de la empresa y en el plan de Acacio Rodríguez para reactivar el emblemático y centenario grupo asturiano. Dicho plan pasa por desinvertir en activos no estratégicos y centrar la compañía en su 'core', en lo que sabe hacer muy bien, y en una optimización organizativa.

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