El coste añadido que pagará Arcelor por Ilva

Uno de los trenes de chapa de Ilva, la gigantesca factoría que Arcelor pretende comprar en el sur de Italia. / ILVA
Uno de los trenes de chapa de Ilva, la gigantesca factoría que Arcelor pretende comprar en el sur de Italia. / ILVA

Además de desembolsar 4.100 millones de euros, tendrá que deshacerse de importantes instalaciones en Europa | Para que la UE apruebe la compra, el grupo ha propuesto desinversiones en Piombino, Galati y Ostrava, pero también hay riesgos para Asturias y Fos

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

La compra de Ilva le saldrá cara a Arcelor, aunque solo el tiempo dirá cómo de rentable puede ser la operación. De momento, el consorcio liderado por la multinacional, AmInvestCo, se ha comprometido a desembolsar unos 4.100 millones de euros, 1.800 para comprar la planta, la mayor siderurgia de Europa, y otros 2.300 para mejoras, de los que la mitad serán para el plan industrial y otro tanto, para el ambiental. Sin embargo, el precio que va a pagar Arcelor será mucho mayor de lo que preveía al principio. Las rigurosas autoridades antimonopolio de la UE exigen importantes desinversiones para no declarar un abuso de la posición dominante y frenar la operación.

La multinacional apostó fuerte desde el principio por adjudicarse Ilva. De hecho, superó en la puja a su competidor, Accitalia, liderado por el grupo indio Jindal Steel, en 600 millones. Y, ahora, casi un año después del concurso, eleva su apuesta. La Dirección General de la Competencia ha rechazado una tras otra las «concesiones» hechas por Arcelor para obtener su visto bueno, pero las negociaciones continúan y la multinacional está dispuesta a «deshacerse de lo que sea», en palabras del jefe de la división de Planos del Suroeste de Europa, el asturiano José Manuel Arias, para contar con la aprobación de las autoridades comunitarias.

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En un primer momento, Arcelor contaba con que sería suficiente la cesión de la planta de Piombino a la italiana Averdi, o tomar alguna medida adicional menor, pero el departamento que dirige la danesa Margrethe Vestager, que sustituyó a finales de 2014 al español Joaquín Almunia, no se dio por contento. En febrero, Aditya Mittal, que este mes ha sido nombrado presidente de ArcelorMittal, acudió en persona a Bruselas para dar más explicaciones, y la pasada semana se ha sabido que la multinacional ha ofrecido un nuevo paquete de concesiones, cuyo contenido está sujeto a una declaración de confidencialidad, pero del que se conoce que incluye más desinversiones.

Según una publicación italiana especializada, que cita filtraciones cercanas al expediente de Ilva, Arcelor podría desprenderse de instalaciones en las plantas de Galati (Rumanía) y Ostrava (República Checa). Además, en su reunión con sindicatos la semana pasada en La Granda, Arias advirtió de que la planta de Gijón no está libre de riesgo, dados los malos resultados de Largos y del tren de chapa. Aunque en lo referente a Ilva, especializada en productos planos, sería esta última instalación, que emplea a unas 300 personas, la que estaría en peligro, sobre todo, porque el tren de chapa de la italiana es especialmente bueno y tiene la capacidad de producir alrededor de 1,4 millones de toneladas -el de Gijón no llegó a las 500.000 en 2017-. La otra planta que estaría en este trance es la francesa de Fos-sur-Mer, que también presenta malos resultados y que, en la última década, ha perdido ya mil empleos. Mientras, los buenos resultados de la factoría de Avilés la librarían de las quinielas.

Por otro lado, que la dirección haya programado obras por 600 millones de euros en las plantas asturianas tampoco se percibe como una garantía. De hecho, Arcelor anunció el pasado 5 de marzo una inversión de 10 millones de euros para la modernización de una colada continua de Galati, y Ostrava también ha recibido una fuerte inyección económica en modernizaciones en los últimos años.

El eurodiputado francés Edouard Martin, exsindicalista de la factoría de Florange -cuyos hornos altos cerraron en 2012-, ya había advertido en 2017 de que Mittal podría pensar en desinversiones en Asturias o en Fos para contentar a la UE. En esta localidad gala no las tienen todas consigo. La pasada semana el sindicato CGT convocó diversas movilizaciones en defensa del empleo -en ese municipio cuantifica en 300 los puestos en peligro-. Por su parte, el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, hizo referencia a la posible compra de Ilva como uno de los «retos muy importantes» de Arcelor y aseguró que defenderá los intereses de la planta de Fos-sur-Mer.

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