«En diez años vamos a ver una explosión de la inteligencia artificial hoy inimaginable»

Valerio Millán, en una de las zonas de investigación y desarrollo de la empresa CTAI en el Parque Tecnológico de Gijón. / DAMIÁN ARIENZA
Valerio Millán, en una de las zonas de investigación y desarrollo de la empresa CTAI en el Parque Tecnológico de Gijón. / DAMIÁN ARIENZA

Valerio Millán, responsable de I+D en CTAI: «Las ingenierías tienen que ponerse en la piel del cliente industrial y entender mejor sus necesidades»

O. VILLA GIJÓN.

En un mundo de economía globalizada, Europa ha de ser competitiva no por sus costes salariales, sino por estar a la vanguardia de la tecnología. Asturias, poco a poco, va interiorizando este axioma, con iniciativas como las investigaciones aplicadas que CTAI está desarrollando para su utilización, por ejemplo, en las baterías de cok de Arcelor en Gijón, el proyecto Sinocap, en colaboración con Imasa, el CSIC y el Instituto de Magnetismo Aplicado, y con la ayuda del IDEPA en la financiación.

-El Sinocap trata de medir si una pieza está o no imantada a altas temperaturas. ¿Por qué es tan relevante eso?

-En una batería de cok se trabaja a 1.300 grados. La tapa que permite que entre mineral se mueve con electroimanes. La tapa es de metal cubierta de refractario, y cuando el refractario está íntegro, el metal de la tapa está a unos 200 grados. Pero con el uso el refractario va perdiendo cualidades y el metal de la tapa llega a estar a 400 grados, superando el punto de Curie y perdiendo sus cualidades magnéticas. Esto es gradual, el metal va perdiendo sus cualidades magnéticas y puede llegarse a que la batería de cok se colapse, por lo que contar con un sistema de medición del magnetismo que permita evitar esa circunstancia es importantísimo.

-El proyecto Sinocap no es solo para las baterías de cok.

-No, la idea es aplicarlo a toda la industria en la que la imantación a altas temperaturas sea necesaria, que lo es en muchos procesos industriales. Además, estamos desarrollando un sistema de control de tracción y detección de obstáculos móviles, en colaboración con Imasa, destinado a máquinas industriales que circulan por raíles.

-En cierto modo, es exprimir las tecnologías ya existentes.

-Es que en buena medida, la cuarta revolución industrial consiste en aplicar tecnologías existentes y hasta obsoletas. Por ejemplo, el gran desarrollo del radar fue durante la carrera espacial, pero a la industria se está aplicando en los últimos diez años. La industria va siempre muy por detrás de la investigación tecnológica. La automoción suele ir en punta de lanza, pero en industria de transformación de materia prima hay mucho campo abierto.

-¿Hay un freno al desarrollo tecnológico?

-Es que a la propia industria de transformación, cuando tiene un método que le vale, trata de que la producción no pare. Recientemente estuve en una fábrica y vi que se estaban haciendo mediciones con relojes comparadores analógicos. En pleno siglo XXI. A veces no se invierte en tecnología por falta de capacidad financiera, pero también hay cierta resistencia al cambio.

-¿La robotización presupone una revolucion sociológica de base?

-Lo importante de la industria 4.0 es llegar a que las propias máquinas puedan tomar decisiones complejas. Ahí está el meollo. Va a haber un punto de inflexión. Cuando la máquina pueda tomar decisiones autónomas sobre las tareas no repetitivas, las aleatorias. Eso implicará un cambio sociopolítico grandísimo. De momento, la robótica es colaborativa, aún no está incrustada en nuestra vida. Pero en diez años vamos a ver una explosión de la inteligencia artificial hoy inimaginable, que va a cambiar nuestra forma de vivir. En drónica va más rápido la tecnología que la legislación. En Dubai se usan ya multirrotores robotizados para transportar personas.

-El otro pilar de la industria 4.0 tendrá que ser la optimización de la seguridad, entiendo...

-Así es, y es la base de nuestros proyectos, tanto el Sinocap como el de movilidad autónoma. Se trata de minimizar los riesgos tanto para las personas como para la maquinaria. Que una batería de cok tenga que pararse es un altísimo coste, y eso es uno de los acicates para la implantación de este tipo de avances.

-¿Qué necesita Asturias para estar en la vanguardia de esto?

-Lo primero, tener ideas que tengan retorno económico. En Asturias se da mucho dinero para ideas que no son revolucionarias. Las ingenierías tienen que ponerse en la piel del cliente industrial y entender mejor sus necesidades, para lo que la colaboración con la universidad es fundamental.

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