Empresarias asturianas reivindican mayor presencia femenina «en todos los sectores»

De izquierda a derecha, María Pérez, secretaria general de Femetal; Susana García Rama, gerente Constructora García Rama; María Cardín, directora comercial de El Gaitero y Ana Sánchez, directora de APD Asturias. /
De izquierda a derecha, María Pérez, secretaria general de Femetal; Susana García Rama, gerente Constructora García Rama; María Cardín, directora comercial de El Gaitero y Ana Sánchez, directora de APD Asturias.

Coinciden al mostrarse «satisfechas» con el trato recibido en el desempeño de sus carreras, pero advierten de los riesgos de la subrepresentación en determinados ámbitos

AIDA COLLADO GIJÓN.

Todos los estudios concluyen que la integración plena de la mujer en el ámbito laboral aún es un reto a alcanzar. España es el vigesimocuarto país del mundo con mejores cotas de igualdad de género, según el único informe al respecto realizado por el Foro Económico Mundial, y sin embargo en lo que a participación económica se refiere -empleo e igualdad salarial- baja drásticamente hasta el puesto 81 de la tabla que analiza el protagonismo de las mujeres respecto a los hombres de 144 estados. «Es cierto que las mujeres dirigen tanto empresas ya consolidadas con una larga trayectoria como empresas de reciente creación fruto del éxito de programas de emprendedoras», explica la profesora titular de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Oviedo Julita García Diez. Pero, «aunque se encuentran mujeres en los puestos de dirección de todos los sectores de actividad, el mayoritario es el sector servicios».

Hay más empresarios que empresarias. La formación en sí misma «no es fuente de desigualdad, pues las mujeres cuentan con una alta formación académica y profesional, que suele ser inversamente proporcional a su edad», apunta la profesora. Pero sí asumen más cargas familiares. Por eso, «deberán arbitrarse medidas que eliminen las desigualdades existentes».

Las mujeres empresarias o directivas de éxito en Asturias transmiten por lo general que no se han sentido discriminadas a lo largo de su recorrido profesional. Están «satisfechas» con su trabajo y con el trato recibido a lo largo de los años. Ellas son las que han llegado, las que han ascendido sin estrellarse contra el llamado techo de cristal. Y, aún así, son plenamente conscientes de que pertenecen a un género que, en muchos otros escenarios tan distintos al suyo, lo tiene más difícil. Hay machismos que no llegan desde la empresa, sino desde la sociedad misma. Muchas veces, a través de en apariencia inofensivas y -en teoría- no mal intencionadas preguntas. Un «¿este niño no tiene madre?», en el médico, cuando es siempre el padre quien lo lleva. Un «¿es usted la secretaria?», cuando alguien espera una voz masculina al otro lado del teléfono. Incluso cuando las mujeres son tratadas de forma igualitaria en su puesto de trabajo, muchas reconocen haber vivido algún episodio de este tipo.

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María Cardín, directora comercial del grupo El Gaitero (Valle, Ballina y Fernández), es una de esas mujeres que pueden presumir de de empresa. «Hombres y mujeres cobran lo mismo y no hay ningún impedimento para ascender por nivel de género», defiende. Cardín entró a trabajar a la vez que su primo. Mismas condiciones. Misma trayectoria. Ella fue la primera directiva de El Gaitero, «no porque se pusiera freno a las mujeres que lo desearan, sino porque era otra mentalidad y las de mi familia no habían querido acceder a la empresa, trabajaban en casa». En lo relativo a la conciliación «es complicado para todos, nos apañamos como podemos. En una empresa familiar siempre estás disponible». Así pues, inmejorable experiencia. Los 'peros' llegan desde la calle. «Dudo que nunca hayan felicitado a mi padre por adelgazar porque era imagen de la empresa», dice. Ella sí se ha visto en esas situaciones.

La igualdad real pasa, en opinión de María Pérez, secretaria general de Femetal, por luchar contra la «subrepresentación de las mujeres en algunos sectores». La brecha salarial se debe, en parte, a la diferencia ocupacional, por eso considera necesario «provocar vocaciones tempranas en las mujeres hacia estudios, profesiones o capacitaciones que luego son más demandadas y mejor retribuidas». Es el caso de su sector, el metal -en el que nunca tuvo «una experiencia negativa»-, y de la industria, en general, o de los ámbitos científicos y tecnológicos. Para conseguirlo «hay que implicar a todos los agentes».

La directora de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) en Asturias, Ana Sánchez, asegura que en organizaciones como la suya «no se han planteado cuotas, porque de una forma natural se ha premiado a las personas por su profesionalidad y experiencia» al margen del género, obteniendo «un reparto equitativo» de las diferentes responsabilidades.

Sánchez reconoce, sin embargo, que en algunas ocasiones para la organización de determinados actos «nos cuesta encontrar mujeres que quieran sentarse a exponer su experiencia». Por eso, las anima a «promocionarse», a «darse visibilidad», para «no ponerse ella misma un techo de cristal». Sabe que su género «no lo tiene tan sencillo en el mundo laboral, aunque se ha avanzado muchísimo».

Otra profesional que nunca se ha sentido discriminada es la gerente de Construcciones García Rama. «Somos varios hermanos, con roles muy bien asignados en función de las capacidades de cada uno, de lo que podíamos aportar», explica Susana García Rama. Puede que su presencia en algunas reuniones, «al principio generase sorpresa». Pero una vez superada, «el mundo de los negocios es muy pragmático y no he notado muchas trabas». También es cierto que su experiencia laboral en la empresa familiar es muy distinta a ser directiva y competir con un hombre por ese puesto. «Supongo que ellas tienen más dificultades», lamenta.

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