EdP advierte de un riesgo de deslocalizaciones si cierra la central térmica de Aboño

La turbina del grupo 2 de la central que EdP tiene en Aboño y que contará con un nuevo rotor. / J. PETEIRO
La turbina del grupo 2 de la central que EdP tiene en Aboño y que contará con un nuevo rotor. / J. PETEIRO

La compañía invierte casi once millones en la mejora del grupo 2 y defiende el funcionamiento de la planta, incluso sin los gases de horno alto de la factoría de Arcelor

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

La central térmica que EdP tiene en Aboño juega con ventaja en la red española. Por su ubicación «privilegiada», según argumentó ayer su director, Rafael Cabañeros, próxima a la industria electrointensiva asturiana, como Arcelor, Alcoa o AZSA, dispone de una línea directa que garantiza el suministro, a la vez que hay bajísimas pérdidas eléctricas. De hecho, «si Aboño no estuviera o no existiera, probablemente, estas instalaciones tendrían un problema de suministro tanto por la vía técnica y económica y un riesgo de deslocalización», advirtió el máximo responsable de la instalación. De momento, el grupo 2 tiene garantizada la actividad hasta 2030 y el 1, hasta 2020 -para que siga más allá, serían necesarias cuantiosas inversiones, que EdP no ha decidido aún si va a acometer-.

Cabañeros hizo esta advertencia durante una visita organizada a los medios para mostrar el desarrollo de los trabajos de mejora del grupo 2, en parada desde el 21 de enero, unas tareas que, como adelantó este periódico, suponen una inversión de entre 10 y 11 millones de euros y que permitirá, entre otros avances, hacer que los arranques sean con gas natural y no fuelóleo, y reducir el consumo de carbón en un 4%, a la vez que bajan las emisiones en un porcentaje similar. En estos trabajos, que deben estar finalizados para el 1 de marzo, participan unos 500 operarios -el 80% asturianos- de casi una treintena de empresas, entre ellas, General Electric, Foster Wheeler, Duro Felguera, TSK o Daorje.

Mejoras medioambientales

Entre las principales tareas que se están abordando en esta parada, se encuentra la sustitución de doce quemadores utilizados en los arranques, para que empleen como combustible gas natural y no fuelóleo, lo que implicará una mayor flexibilidad, menos emisiones (dióxido de azufre y dióxidos de nitrógeno) y también una mayor seguridad al reducir la posibilidad de vertidos accidentales. Solo la partida destinada a esta mejora alcanza los 3,3 millones de euros, una inversión que es «difícilmente justificable económicamente», según Cabañeros, pero sí medioambientalmente. De hecho, este avance ya se realizó en la central de Soto de Ribera.

Además, la parada también implica modernizar el cuerpo de alta presión de la turbina con un nuevo rotor -que supondrá esa reducción del consumo de un 4%-; la modernización del sistema de control y protección hidráulico de la turbina, que ofrecerá una mayor flexibilidad operativa y protección frente a incidentes; el cambio del sistema de control e instalación de nuevos actuadores de las dos turbinas auxiliares y la revisión completa de la 22, y la inspección del sistema de desnitrificación, instalado en 2016, para evaluar su estado y limpiar los elementos que lo integran.

Con estas partidas, EdP habrá invertido más de 200 millones de euros en la última década en mejoras ambientales en sus centrales en la región, entre los que destacan los 90 de las dos plantas de desnitrificación de Soto de Ribera y Aboño.

Además de su ubicación privilegiada, la central de Aboño cuenta con otra ventaja y es su capacidad de ser multicombustible. Así, funciona con carbón, tanto nacional como importado, gas natural, fuelóleo, gasóleo, gas procedente de los hornos altos y de las baterías de cok de Arcelor e, incluso, biomasa. Por ello, si el gigante del acero construye, como tiene proyectada, la planta para aprovechar los gases de acería que ahora utiliza EdP, Cabañeros no cree que haya ningún problema. «Seguramente sin gas de horno alto, generaremos electricidad con menos emisiones de C02», avanzó, sin querer entrar en más detalles, para recordar que de las emisiones de la central de Aboño, el 60% corresponden directamente a la térmica, mientras que otro 40% es por los gases de Arcelor y, de hecho, es esta quien paga por esas emisiones.

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