Arcelor advierte de un «riesgo cierto» para el tren de chapa y urge un acuerdo antes del lunes

Arcelor advierte de un «riesgo cierto» para el tren de chapa y urge un acuerdo antes del lunes
El tren de chapa que la multinacional ArcelorMittal tiene en su factoría de Gijón. / CITOULA

El grupo insistió en reclamar a los sindicatos un «plan de acción» que mejore su competitividad y evite «decisiones drásticas»

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

La dirección de Arcelor en Asturias se empieza a impacientar. El próximo lunes termina el plazo que se fijó para llegar a un acuerdo de «reorganización» en el tren de chapa de Gijón que le permita recuperar la competitividad perdida y, sin embargo, en la reunión de ayer con los sindicatos, la tercera desde que se iniciaron las negociaciones, no hubo ningún avance. La parte social pidió más explicaciones sobre la amortización de personal que desea la empresa, de alrededor de medio centenar de trabajadores en una instalación que emplea a 370 personas, y la compañía abordó sus planes para el personal de contrato individual, con distintos cambios en la cadena de mando. Hubo poco más, y el tiempo se agota. Tanto es así, que los responsables de la multinacional en el Principado llegaron a hablar ayer de un «riesgo cierto» de cierre y alertaron de que, sin un «plan de acción» que mejore su rendimiento, la dirección a nivel europeo podría tomar «decisiones drásticas». Además, dudaron de las intenciones de la parte social a la hora de negociar, al no constatarse avances.

El año pasado esta instalación, más las de Largos, perdieron 23 millones de euros, unos resultados insostenibles en un contexto positivo de los mercados, tras registrarse un incremento de la demanda y corregirse mediante aranceles la situación provocada por la llegada de acero a Europa procedente de China a precios, incluso, por debajo del coste de producción. Esta tendencia no pudo ser aprovechada por la factoría de Gijón, con problemas en diferentes frentes, desde el incremento del precio del arrabio y la reducción del de la chatarra, que beneficia a las acerías eléctricas, a la falta de fiabilidad de la nueva línea para fabricar carril de 108 metros. Sin embargo, los problemas que más urgen solucionar son los del tren de chapa, amenazado por los mejores resultados de su competencia, tanto dentro del grupo como fuera de él, y sobre todo ante la posibilidad de que fructifique la operación para comprar la italiana Ilva, con una instalación para el mismo producto más rentable y con una capacidad de 1,2 millones de toneladas, frente a las 495.000 que se fabricaron en Gijón el pasado año, un ejercicio en el que, no obstante, se mejoró un 90% en el apartado de calidad, según la compañía.

Ante este panorama, la dirección asturiana ha puesto sobre la mesa un plan de inversiones en automatizaciones por importe de unos dos millones de euros y que, según su previsión, permitirían amortizar medio centenar de puestos, una cifra que pone en duda la parte social. A la par, el objetivo es incrementar la producción hasta las 550.000 toneladas.

Desde la mayoría social se reconoce que urge llegar a un acuerdo porque la situación del tren de chapa es complicada y se muestra dispuesta a negociar, aunque su intención es minimizar el impacto en el empleo de las medidas. Pese a ello, no hay la misma disposición por parte de todos los sindicatos, una actitud que ha provocado el rechazo de la dirección de Arcelor y de los representantes de los trabajadores que se muestran más abiertos a hacer concesiones a la compañía para mantener la viabilidad del tren y que recuerdan cómo el grupo acaba de anunciar que se desprende de activos en seis países o cerró instalaciones como la línea de pintura de Avilés y las factorías de Zumárraga (Guipúzcoa) y Villaverde (Madrid).

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