La UE acepta la venta de plantas propuesta por Arcelor para comprar Ilva

La planta de Ilva, situada en Tarento, en el sur de Italia, es la factoría siderúrgica más grande de Europa./EC
La planta de Ilva, situada en Tarento, en el sur de Italia, es la factoría siderúrgica más grande de Europa. / EC

La Comisión acepta la operación si la multinacional vende activos en seis países, ninguno en Asturias

Noelia A. Erausquin
NOELIA A. ERAUSQUINGijón

Se daba por hecho, pero esta mañana ha llegado la confirmación oficial. ArcelorMittal tiene la aprobación de la UE para hacerse con la italiana Ilva, la mayor siderúrgica de Europa, pero para ello tiene que deshacerse de importantes activos en seis países, los que se encontraban en el paquete de concesiones que presentó la multinacional a las estrictas autoridades antimonopolio de la Comisión Europea y que ya había anunciado.

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La confirmación de que el grupo puede seguir adelante con la operación llegó esta mañana por parte de la comisaria de la Competencia, Margrethe Vestager, sin agotar el plazo del 23 de mayo que se había dado y que defendió que «la decisión de hoy asegura que la adquisición de Ilva por parte de ArcelorMittal, que crea de lejos el mayor productor de acero en Europa, no provoca un aumento de los precios a expensas de las industrias europeas, los millones de empleados y los consumidores». Sin las desinversiones a las que ha obligado la UE, la institución comunitaria temía que Arcelor se situara en una posición de dominio de mercado en el sector de productos planos de acero laminados en frío y en caliente y galvanizados, y que ya sin competencia, pudiera disparar los precios.

Por ello, la Comisión inició en noviembre del año pasado una investigación en profundidad para determinar el impacto de la compra y determinó que la entidad resultante iba a tener más del 40% de la capacidad de producción de estos productos en el Espacio Económico Europeo, muy por encima de la cuota de mercado de sus competidores, como Tata Steel, ThyssenKrupp –estas dos preparan la fusión de su negocio del acero- y Voestalpine. Incluso, examinó el papel de las importaciones desde terceros países y concluyó que «no son una alternativa lo suficientemente fuerte y estable para compensar completamente los efectos negativos» sobre los precios que supondría la integración de Ilva en Arcelor. Todo esto derivó en diversas negociaciones con la compañía y que la UE pusiera estrictas condiciones para dar el visto bueno a la operación.

Competencia

La dirección de Arcelor se mostró desde el principio extremadamente interesada en hacerse con Ilva, en la actualidad en manos del Gobierno italiano, tras ser confiscada a sus anteriores propietarios, la familia Riva, acusada de delitos fiscales y medioambientales, pero no pensaba que las concesiones que tendría que hacer iban a ser tan altas. No obstante, llegó a asegurar que se desharía «de lo que hiciera falta» para poder adquirir la planta. Incluso se especuló con la posibilidad de vender o cerrar el tren de chapa de Gijón, muy cuestionado por sus malos resultados, pero la UE, precisamente, exige que se deshaga de activos rentables para propiciar la competencia. En este sentido, Vestager ha subrayado que el paquete de desinversiones cubre toda la cadena de valor y permitirá al futuro comprador «competir» con ArcelorMittal en el largo plazo. «El acero es una materia prima crítica para las industrias y productos europeos que usamos todos los días», recordó la comisaria.

Ahora, el mayor grupo siderúrgico mundial debe organizar un proceso de venta «abierto, transparente y no discriminatorio», según la Comisión, y después comunicar a Bruselas el comprador o compradores de los activos que se ha comprometido a vender. No valdrá tampoco con traspasar estas plantas a cualquiera. El Ejecutivo comunitario quiere que las factorías sigan siendo rentables y supongan una competencia real para Arcelor, por lo que evaluará si la firma que los adquiera tiene la capacidad y los incentivos necesarios para continuar operando en el mercado del acero comunitario.

La multinacional se ha comprometido a vender las factorías -en algunos casos no de forma completa- de Piombino (Italia), Galati (Rumanía), Skopje (Macedonia), Ostrava (República Checa) y Dudelange (Luxemburgo), además de varias líneas en Lieja (Bélgica). Estos activos suponen una capacidad de producción de 7,5 millones de toneladas anuales y 12.000 puestos de trabajo directos, a los que habría que sumar entre 400 y 500 empleados de actividades trasversales, como es la red comercial, que también se traspasarían. En total, estos activos suponen el 9% de la producción de acero del viejo continente y el 8% del empleo directo en el sector.

Hito importante

«La aprobación por parte de la CE es un hito importante en la transacción para adquirir Ilva y representa un paso importante hacia el cierre del acuerdo, que ahora se espera que ocurra lo antes posible», ha señalado en un escueto comunicado la multinacional, que aún tiene asuntos importantes por negociar en Italia, entre ellos, llegar a un acuerdo con los sindicatos, que deben dar el visto bueno a la operación según las condiciones impuestas por el Gobierno italiano, y que se niegan a la reducción de personal prevista por Arcelor, que sería de 4.000 personas en un principio y 1.500 más para 2023.

La compra en Asturias no afecta de forma directa, pero sí indirecta. Ya que el mercado principal de Ilva es el sur de Europa, como el de las plantas de Gijón y Avilés, y tiene una capacidad productiva mucho mayor que la del Principado –está previsto que alcance los 10 millones de toneladas anuales- y cuenta, además, con instalaciones especialmente potentes, como su tren de chapa, que puede fabricar 1,2 millones de toneladas, frente a las casi 500.000 del deficitario tren gijonés, para el que la dirección de la multinacional asegura que hay «riesgo cierto» de cierre.

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