«Exportamos barcos, no astilleros. Nuestro arraigo social es muy fuerte»

María José y Álvaro Platero, durante la presentación del libro que repasa la historia de Gondán. /  CITOULA
María José y Álvaro Platero, durante la presentación del libro que repasa la historia de Gondán. / CITOULA

Gondán desembarca en Gijón sus más de noventa años de historia con un libro que repasa la «intachable» trayectoria empresarial de la familia en el Occidente asturiano

AIDA COLLADO GIJÓN.

La botadura del libro 'Astilleros Gondán. Historia de una tradición familiar' se remonta a abril, pero no fue hasta ayer cuando hizo su primera entrada en dique, presentado por su prologuista, Fernando García. Y para ello no eligió cualquiera, sino el de Gijón, el sancta sanctorum de la construcción naval asturiana. Ayer, el Ateneo Jovellanos y el Aula de Cultura de EL COMERCIO presentaron el trabajo de María José Platero, quien ha reunido los desvelos y éxitos de cuatro generaciones -la quinta promete seguir la misma estela-, para poner en valor a «una empresa ejemplar, reconocida internacionalmente» y a una familia, la suya, que no olvida de dónde viene. Su hermano, hoy a las riendas de la compañía y responsable de su modernización y crecimiento, estaba presente, en esta ocasión, «solo de palmero». Pero Álvaro Platero no dejó escapar la oportunidad de agradecer al Occidente asturiano lo mucho que le ha dado. O que se han dado.

En cuanto a su ubicación, reconoció los problemas de calado, «por la arena»; de altura, «por el Puente de los Santos», y de eslora y manga, «porque estamos en un acantilado». Y, sin embargo, añadió, «las limitaciones físicas creo que nos han ayudado». Se explicó: «Decía Fernando Santodomingo que los astilleros tendemos a crecer hasta que llegamos a nuestro nivel de incompetencia. Los astilleros medianos siempre somos más competitivos en la franja alta de nuestros barcos».

Por eso, puede plantearse crecer, «aunque es complicado y no sé si sería bueno». Pero, en cualquier caso, siempre 'además de' y nunca 'en vez de' Figueras. «Estuvimos a punto de venirnos a Juliana, pero vino la crisis y nos echó atrás», recordó. Su localización tiene «ventajas e inconvenientes». No cuenta con empresas subcontratistas cerca, pero «la gente de allí es muy buena y tenemos un arraigo social muy importante. Eso no se paga con dinero», aclaró. Porque, cuando la mar se revuelve, «los de la boina somos los que sacamos los problemas adelante. Al final, cuando aprietan las tuercas, los que estamos allí somos los del pueblo».

Pudo decirlo más alto, pero no más claro. «Exportamos el 90% de nuestra producción», informó. Pero esto no debe dar lugar a errores: «Exportamos barcos, no astilleros».

La figura de Platero resulta tan incontestable como, en su día, lo fue la de su abuelo, Francisco Díaz. Con él, charló largas horas María José, quien extrajo oro de sus recuerdos y dilatadísima experiencia. «Fue un hombre que empezó desde cero, pero cuando tenía un problema se crecía en vez de achicarse», contaba ayer la orgullosa nieta. Echando la vista atrás, también ha conseguido resaltar «el gran trabajo» de su hermano. Porque el libro da muestra, a través de un sinfín de imágenes, del pasado y el presente de Gondán, pero no se olvida de lo mucho que aún hay por delante.

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