Fallece Luis Alvargonzález, empresario señero de la obra pública en Asturias

Fallece Luis Alvargonzález, empresario señero de la obra pública en Asturias
Luis Alvargonzález Romañá, en una reciente imagen en la calle Marqués de Urquijo, junto a la playa de San Lorenzo. / Patricio Alvargonzález

Familiares y amigos recuerdan al que fuera presidente Alvargonzález Contratas, una firma de referencia en la región

S. BAQUEDANO GIJÓN.

«Tenía don de gentes, era cariñoso y generoso con todo el mundo». Familiares y amigos de Luis Alvargonzález Romañá, recordaban ayer la figura del empresario gijonés fallecido la noche del domingo. Llevaba un año enfermo, pero hasta entonces había seguido «al pie del cañón» en la compañía que presidía, tomando decisiones junto a sus hijos Luis Fernando y Antonio, que son quienes hoy llevan las riendas de Alvargonzález Contratas, una de las firmas líder en el sector de la obra pública en Asturias.

Su madre era cubana y su padre, también de nombre Luis, un prestigioso traumatólogo gijonés de pensamiento liberal que, tras la guerra civil, se vio obligado a exiliarse junto a su familia a La Habana, donde llegó a ser catedrático de su Universidad. Aparte de por su trabajo como médico, Luis Alvargonzález y su hermano Fernando, eran muy conocidos en la villa de Jovellanos por ser grandes nadadores. Su victoria en las travesías a nado de El Musel (en los años 1920 a 1922) y en numerosas pruebas nacionales hicieron que hoy, la piscina municipal de El Llano 'Luis Alvargonzález' lleve su nombre en recuerdo a su memoria.

Ni Luis Alvargonzález (padre) ni su mujer regresaron a Asturias. Tampoco lo hizo Mayelin, la hermana del empresario ahora fallecido, que echó raíces en Cuba donde llegó a ocupar puestos de responsabilidad política. Sí volvió a su ciudad natal, que había dejado con 13 años, el que sería con el paso del tiempo un gran empresario. Lo hizo a la edad de 24 años y para incorporarse a Alvargonzález Contratas, la compañía, fundada en 1925, por tres de los cinco hermanos de su padre: Antonio, Fernando y Manuel (más conocido por el apodo de Ñolé).

«Su capacidad para asumir el riesgo le hizo un ejemplo de empresario», afirma Félix Baragaño

La vocación empresarial de Luis se forjó gracias a sus tíos, que le llevaban a visitar las obras y le transmitieron su pasión por este mundo. Comenzó desde abajo, como comienzan los grandes empresarios hechos a sí mismos.

En diciembre de 1963 se casó con Estela Martínez, una leonesa con la que compartió toda su vida y con la que tuvo tres hijos: Luis Fernando, Antonio y Mayelú; y tres nietos, Patricio, el mayor, Jaime y Mateo. «Era un hombre familiar, entrañable, que sabía escuchar», recuerdan ahora sus más allegados . Y ese carácter lo transmitía también a la empresa, que llegó a emplear a 200 trabajadores. Hoy cuenta con un centenar de empleados con los que Luis Alvargonzález tuvo «un trato exquisito». «Era un empresario de la vieja escuela. Se preocupaba de todo y por todos». Esa «vocación empresarial» le llevó a sortear las dificultades, sobre todo con la crisis que tan duramente golpeó a todo el sector de la construcción a raíz del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, y a seguir invirtiendo, también en otras firmas de la construcción. Hoy, su legado está en buenas manos. Sus hijos siguen su estela.

Funeral, en San Pedro

El funeral por su eterno descanso se celebrará hoy, a la una de la tarde, en la iglesia parroquial mayor de San Pedro Apostol. Los restos mortales del empresario serán incinerados en la intimidad familiar en el tanatorio de Cabueñes, tras lo que sus cenizas reposarán en el columbario de la citada iglesia.

Ayer, su familia recibía numerosas muestras de cariño en el tanatorio de Cabueñes. El empresario era muy querido en Gijón y fueron muchos los que quisieron rendirle homenaje y darle un último adiós. Entre ellos, sus amigos del Club de Regatas y del Real Grupo de Cultura Covadonga. Y es que había heredado de su padre la pasión por el desporte. Practicó atletismo y natación, y en su juventud «había sido muy bueno como saltador de trampolín», recordaba Janel Cuesta.

Por su parte, Lisardo Argüelles, presidente de los veteranos del Grupo Covadonga, destacaba que «una de las aficiones que teníamos los dos en común era la caza mayor. Coincidíamos en cotos de Asturias, en Picos de Europa, y también en otros de fuera de la región. Cazaba jabalíes y rebecos, principalmente».

«Era un hombre muy coñón, muy entretenido. Era vehemente y hablaba muy bien. Los amigos le decíamos con sorna que seguía teniendo acento cubano; él se reía y nos decía: ¡Chico!, con más acento aún». A Argüelles le tiembla la voz, pero se esfuerza en seguir recordando. «Cuando estaba aún bien, nos veíamos paseando por el Muro, él siempre con su mujer. Era muy cariñoso Luisín, como le llamábamos todos los amigos. Para nosotros era Luisín Alvargonzález. Y se nos ha ido. Cuando se va un amigo, se va parte de ti».

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