Javier Fernández, «convencido» de que no se cerrará la térmica de Lada

Javier Fernández. / P. LORENZANA
Javier Fernández. / P. LORENZANA

El presidente del Principado evidencia su sintonía con el Gobierno central en esta materia y confía en que haya interesados en explotarla

E. C. GIJÓN.

Pocas veces se ven tantas muestras de sintonía entre el Gobierno central y el autonómico, pero en el caso de las térmicas el ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, y el presidente del Principado, Javier Fernández, han evidenciado en los últimos días total coincidencia. Tras la visita a Asturias del representante del Gobierno de Mariano Rajoy el lunes, Javier Fernández se mostró ayer «convencido» de que la central de Lada no se cerrará. Y aunque criticó que «nos enfrentemos a la descarbonización de la economía sin una planificación coherente», también defendió, como Nadal, que se vea si hay otro operador que quiera hacerse cargo de la térmica y seguir explotándola. «Es la mejor manera de saber si es eficiente o no lo es. Estoy convencido de que hay empresas interesadas», añadió.

El presidente regional insistió en que la clausura anticipada de las térmicas «supondría una nueva reconversión industrial», dado que su futuro y el tráfico portuario gijonés «son interdependientes» y afecta a multitud de empleos directos e indirectos, además de recalcar el peso de la industria electrointensiva en la economía regional. «Se habla del elemento ambiental, pero un suministro eléctrico tiene que combinar tres principios: seguridad de suministro, protección ambiental y precio», subrayó, para recordar, como hiciera el ministro un día antes, que el abandono de las centrales de carbón supondría un coste adicional de la energía de entre un 15% y un 20%. «La pregunta es si España está en condiciones de asumir esto», se preguntó, sobre todo, cuando se están cumpliendo las expectativas del país respecto a la rebaja de CO2.

«Precipitar el cierre es un error y perjudicaría gravemente a nuestra actividad industrial», señaló también, para argumentar que, en el caso de la descarbonización, España se parece mucho más a Alemania que a Francia, puesto que la primera cuenta en su 'mix' con un 40% de generación eléctrica mediante carbón, mientras que en el país galo esta es testimonial. De ahí, que su presidente, Emmanuel Macron, se haya mostrado entusiasmado con la idea de reducir la producción energética a través de centrales térmicas, mientras que la canciller Angela Merkel se opone frontalmente.

Carbón nacional

«Si se hace mal, se puede provocar además un alza del precio de la electricidad, tanto para los consumidores domésticos como para los industriales», advirtió Javier Fernández, que abordó otro asunto controvertido como es el del fin del carbón nacional, que tiene un horizonte más limitado en el tiempo, el 31 de diciembre de 2018, al menos para las explotaciones que no son rentables, que en definitiva son prácticamente todas. Además, de desear que la Unión Europea flexibilice estos plazos, recordó que la generación eléctrica con carbón consume 16 millones de toneladas de mineral importado, frente a los tres millones de origen nacional. «En el puerto de El Musel se importaron 4,8 millones de toneladas de carbón térmico a lo largo de 2017, mientras que el carbón nacional que se consume en las centrales asturianas asciende a unas 300.000», subrayó, a pesar que a menudo se asocia al mineral local con las emisiones de CO2.

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