El plan inversor ambiental de Arcelor dará paso a la reconstrucción del horno alto A

De izquierda a derecha, Fernando Lastra; Mariví Monteserín; el CEO de Arcelor en Asturias, Oswaldo Suárez; Carmen Moriyón y Couto. /MARIETAGráfico
De izquierda a derecha, Fernando Lastra; Mariví Monteserín; el CEO de Arcelor en Asturias, Oswaldo Suárez; Carmen Moriyón y Couto. / MARIETA

El consejero delegado compromete 214 millones para reducir en 2022 a la mitad la contaminación en Gijón y Avilés

NOELIA ERAUSQUIN | MARCOS MORO LA GRANDA.

El consejero delegado del clúster de Asturias de ArcelorMittal, Oswaldo Suárez, se comprometió ayer e a que la multinacional siderúrgica invertirá en los próximos cinco años 214 millones de euros para reducir a la mitad las emisiones de contaminación ambiental (calidad del aire), acústica (ruido) e hídrica (agua) en las factorías de Gijón y Avilés. En esos 214 millones van incluidos los costes de construcción de las nuevas baterías de cok de Gijón en 2019, que sustituirán a las obsoletas de Avilés.

Suárez presentó en presencia del consejero de Medio Ambiente del Principado, Fernando Lastra, y de las alcaldesas de Gijón y Avilés, Carmen Moriyón y Mariví Monteserín, un programa de inversiones que incluye 26 proyectos y que afectan sobre todo a las instalaciones de la empresa en Gijón: mejoras de los dos sínter, A y B, los hornos altos, las nuevas baterías de cok, la propia acería, el parque de carbones de Aboño y medidas de eficiencia energética.

Con todas estas actuaciones de mejora ambiental se prevé reducir el 70% de las emisiones totales de polvo. El propósito, no obstante, es que las emisiones canalizadas por chimenea bajen un 56% y las difusas un 50% en el conjunto de las dos factorías asturianas. El programa de inversiones irá acompañado de un plan de acción para mejorar los protocolos de comunicación de la empresa y un plan de sensibilización para los trabajadores.

Según explicó el CEO de la compañía, en el cronograma de obras el año 2019 se presenta como el ejercicio clave en inversión, las actuaciones se culminarán en 2022 y darán paso secuencialmente a la reconstrucción integral del horno alto A al cumplir éste 17 años de campaña. Dicha obra supondrá la sustitución de los conductos de refrigeración ('staves'), como ya se hiciera en 2016 en los dos hornos, en unos trabajos que fueron considerados un mantenimiento extraordinario, pero también todo el refractario, la pared de ladrillo que cubre el interior de la instalación, unos bloques que se gastan y han de ser cambiados cada cierto tiempo. De este modo, una vez finalizados los trabajos, el horno quedará renovado prácticamente en su totalidad.

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Los 'staves' son los tubos de cobre que se sitúan en el interior para compensar las elevadas temperaturas que se alcanzan durante el proceso productivo y que llegan a los 1.600 grados. Estos permiten un reparto uniforme de la regulación del calor en la pared refractaria, que en esta ocasión también será sustituida.

Los hornos altos de Gijón -los únicos que existen en la actualidad en España- se construyeron en los años setenta. A finales del siglo pasado experimentaron un completo proceso de ampliación y modernización que les ha permitido seguir produciendo hasta ahora, tras acometer renovaciones parciales cada cierto tiempo, aunque la obra que ahora se programa es de una envergadura mayor.

La reconstrucción del horno alto A aún no está presupuestada, pero es previsible que la inversión suponga varias decenas de millones de euros, todo dependerá de lo ambicioso que llegue a ser el proyecto. Hace una década se programó la reconstrucción del horno alto B por 300 millones de euros, una obra que, posteriormente, fue descartada por la crisis y su excesivo coste para plantear una remodelación de unos 30 millones de euros.

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