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Estoy enfermo, no puedo trabajar

Estoy enfermo, no puedo trabajar
Todo trabajador tiene una serie de obligaciones, como el empresario las suyas, pero ninguna más, salvo por deseo propio. No está entre esas obligaciones trabajar estando enfermo
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Cuando uno está enfermo lo puede estar de forma temporal, de ahí la existencia de incapacidad temporales, con su propia regulación, y cuando uno sufre una dolencia permanente se ve protegido por las incapacidades laborales permanentes.

Hoy en día todos sabemos lo complicado que resulta tanto quedar de baja, mantener la misma u obtener la jubilación por enfermedad -término no jurídico pero que todos entendemos-. Estos obstáculos tienen muchas causas: económicas, sociológicas, administrativas y la famosa “ley del péndulo”, hemos pasado hace año de la mano ancha a la situación actual, el grifo cerrado.

Quisiera destacar con estas breves palabras los elementos principales para que quién no se vea en condiciones de trabajar sepa qué requisitos ha de cumplir. Lo primero, y más importante, es que no obtendremos una incapacidad por enfermedad por estar enfermos, lo importante es que nuestra enfermedad nos genere una serie de secuelas, de limitaciones que nos impidan trabajar. De ahí que personas de circunstancias sociales y laborales iguales, con la misma dolencia, vean, en un caso, su pretensión acogida y otras no.

Las limitaciones que padecemos deben venir reflejadas en los informes médicos de especialistas. No nos servirán informes de médicos de cabecera, etc., y deben denotar cierto seguimiento y claridad en la exposición.

Por último, esas limitaciones se han de poner en relación con nuestra profesión habitual, no confundiendo con las específicas labores que desarrollemos (si soy almacenero de una sustancia química para la cual soy alérgico seguiré siendo almacenero, de libros, por ejemplo). Si mis limitaciones impiden el normal desarrollo de mi profesión habitual, podre instar la incapacidad para esa profesión y seguir desempeñando otras. Si las limitaciones son tan graves que no puedo realizar ningún trabajo, en ese caso, tendré acceso a la incapacidad absoluta. Y si además necesito de una tercera persona para, por ejemplo, bañarme, vestirme, pasear, etc. igual soy tributario de una gran invalidez. Cada una de ellas lleva aparejada una cuantía económica relacionada con lo que haya cotizado a la seguridad social en los últimos años.

Son muchas las variables que influyen en este proceso: los informes médicos, el trabajo, las cotizaciones, los periodos previos de baja médica, si la enfermedad es común o derivada del trabajo, etc., en todo caso lo más recomendable es que desde el inicio se pongan en manos de un abogado laboralista que les asesore, dado que errores iniciales son difíciles de corregir con posterioridad, y lo bien hecho desde el principio tiene más visos de terminar bien.

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