«Existe la necesidad de aunar el perfil técnico con las habilidades de gestión»

Bernardo Calleja recoge el diploma y el premio que le acreditan como Ingeniero del Año en la categoría de Gran Trayectoria Profesional. / D. MORA
Bernardo Calleja recoge el diploma y el premio que le acreditan como Ingeniero del Año en la categoría de Gran Trayectoria Profesional. / D. MORA

Bernardo Calleja recoge el Premio Ingeniero del Año resaltando la «simbiosis entre universidad y empresa como sinónimo de supervivencia»

AIDA COLLADO OVIEDO.

«Hace 30 años que comencé mi andadura profesional y tengo mucho que agradecer». Bernardo Calleja se subió ayer al atril del Paraninfo de la Universidad de Oviedo a recoger el Premio Ingeniero del Año en Asturias 2017 -concedido por Sacyr-Fluor, Caja Rural de Asturias y la Escuela Politécnica de Ingeniería- lanzando una declaración de intenciones. Dejó bien claro desde el principio de su intervención que dedicaría el galardón a otros muchos. A sus padres, cabezas de una familia humilde que siempre le respaldaron en sus estudios. A aquel tutor del Corazón de María que obvió su vocación como profesor de Educación Física y le llevó por los caminos de la ingeniería. Al amigo empresario, ya fallecido, que le convenció en cuarto de carrera para que no abandonase la facultad. A todos los que, de un modo u otro, supieron apreciar su gusto por las ciencias, la tecnología y el mundo de la empresa y le animaron a convertirse en lo que hoy es: el consejero delegado de Zardoya Otis, la filial del grupo en España, y presidente de Otis para el Sur de Europa, Turquía y Balcanes.

La multinacional para la que trabaja lidera el sector de los ascensores desde hace más de 160 años, suma casi 70.000 trabajadores en todo el mundo y cuenta con centros de trabajo en Gijón, Avilés y Oviedo. Para ellos también fue parte del reconocimiento. Compartió el galardón con sus jefes y colaboradores, su familia, profesores y compañeros de estudios. También se lo dedicó a sus clientes porque, recordó, «no hay empresa si no hay clientes y, en algunos momentos, se nos olvida». Calleja recordó que vamos hacia un mundo «global, cada vez más abierto, donde la tecnología juega un papel cada vez más importantes y los cambios se suceden cada vez más rápido». Un futuro «apasionante» en el que el papel de la profesión no es baladí: «El abaratamiento de los sensores nos permite coger una cantidad de información impresionante, los medios de transmisión de los que disponemos nos permiten mover esos datos de una parte a otra del planeta en instantes y el tratamiento inteligente de esa información nos permite encontrar soluciones y mejorar la vida de nuestras ciudades, así como el aprovechamiento de los limitados recursos naturales que tenemos en el planeta». Así pues, «la ingeniería juega un papel fundamental». Y el hecho de que el número de estudiantes se haya triplicado en las últimas décadas «da una idea del progreso de la ingeniería en Asturias». En este escenario, destacó, es «fundamental reforzar relaciones entre la universidad y la empresa. La simbiosis entre ambas es sinónimo de supervivencia y sostenibilidad. Hay que adaptar la oferta formativa a nuevas oportunidades que van surgiendo». Y ahí está la clave: «Hay que aunar el perfil técnico con las habilidades de gestión, porque es un perfil muy demandado y que lo seguirá siendo en el futuro».

Calleja pidió amplitud de miras, aconsejó a las nuevas generaciones el dominio de otras lenguas y reclamó una mayor incorporación de las ingenieras a la empresa, a quienes «hay que dar visibilidad». Una reivindicación a la que se sumó Gloria Naveiras Fernández, responsable de planta de Praxair España y la otra premiada de esta edición, en su caso, en la categoría de Proyección de Futuro. Ella también se refirió a la «necesaria transición energética» de Asturias hacia fuentes renovables. Hace falta «músculo tecnológico» para que se produzca y continuar el camino del Principado hacia la industria del futuro. «En ese escenario, para brillar como ingeniero habrá que ser capaz de tomar decisiones equilibradas entre el desarrollo económico y el cuidado del medio ambiente», así como perfeccionar la «capacidad de adaptación» para interpretar las señales del entorno y las oportunidades de mejora. En definitiva, alimentar «una mente orientada a la solución de problemas».

Arroparon a los premiados la directora general de Minería y Energía, Belarmina Díaz; el director de Sacyr-Fluor en Asturias, Juan Vicente Piñera; el presidente de la Fundación Caja Rural de Asturias, José María Quirós; el rector de la Universidad de Oviedo, Santiago García Granda; el presidente del jurado, Enrique Macián, y el director de la Escuela Politécnica de Ingeniería, Juan Carlos Campo.

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