Los fallecidos en el pozo Emilio se desplomaron en 66 segundos

El auto del juez señala que lejos de ser algo imprevisto el accidente en la explotación leonesa fue una negligencia que se pudo evitar

A. CUBILLAS

El accidente del pozo Emilio, en el que seis mineros perdieron la vida (entre ellos, el asturiano José Luis Arias y Orlando González, afincado en Lena), fue fruto de una negligencia. Así se extrae del auto de imputaciones de la juez que instruye el caso y al que ha tenido acceso leonoticias, en el que se pone de manifiesto que el siniestro del 28 de octubre de 2013 se pudo haber evitado.

Un auto que contradice a las declaraciones de los que fueran responsables de la Hullera Vasco Leonesa que, durante sus declaraciones en sede judicial, reiteraron que el siniestro fue algo “absolutamente imprevisto” y que había un seguimiento en la seguridad en el interior de la Vasco.

Nada más lejos de la realidad, el accidente se pudo haber evitado. Es más, el juez advierte de que los mineros estaban trabajando en condiciones muy peligrosas, sin las adecuadas medidas de seguridad, lo que ponía en grave peligro la vida, la salud y la integridad física.

66 segundos de oxígeno

Pero no sólo eso. El juez hace hincapié en un grave error en el sistema de ventilación que pudo ser la clave para evitar el accidente. La ventilación ni era “suficiente ni la adecuada” a lo que se suma que los electroventiladores ni sus cofres y cables de alimentación se colocaron directamente en la corriente primaria de ventilación sino en un culaton bañado parcialmente por el retorno de la ventilación del taller.

A ello se suma además que cuando el metano alcanzó a los trabajadores se detuvo la ventilación secundaria, prolongando la privación del oxígeno de los accidentados. En este sentido, el juez entiende que su correcta ubicación hubiera evitado el reflujo y renovado el oxígeno en el lugar donde se había caídos los trabajadores en apenas 66 segundos.

Un auto que ratifica el informe de Dirección General de Minas así como las declaraciones de varios testigos en las que se apuntaba directamente a la culpabilidad de la dirección de la Vasca por ser “perfectamente conscientes de que en el macizo séptimo existía una bóveda de tal envergadura que junto a la sobrecarga del carbón que soportaba provocó una desgasificación de grisú que se sumó al gas desplazado del hueco del post-taller”.

Tragedia en la mina

Fueron minutos antes de la una y media de la tarde del 28 de octubre de 2013 cuando un grupo de mineros se vieron sorprendidos por una bolsa de gas grisú. A 620 metro de profundidad y a escasos minutos de que terminase su turno, Carlos Pérez, Manuel Moure, Antonio Blanco, Orlando González, José Luis Arias y Roberto Álvarez encontraron la muerte.

Nada pudieron ni ellos ni los compañeros que rápido acudieron a su auxilio ante la magnitud del escape de gas que algunos han calificado de “auténtico tsunami”. Los peores presagios de todos los que trabajaban en el pozo Emilio se cumplieron y en el exterior se había instalado la confusión.

No fue hasta dos horas después cuando se conocía la trágica noticia. Seis mineros habían fallecido y cinco habían resultado heridos, uno de extrema gravedad. Seis muertes que dejaban rotas para siempre a seis familias que no podía creer lo que estaba ocurriendo.

Numerosos medios de comunicación locales y nacionales se agolpaban a las puertas del pozo Emilio donde se sucedían las muestras de dolor de los familiares de los fallecidos. Lágrimas y gritos desgarradores que no encontraban consuelo en los abrazos de los amigos y compañeros ante una pérdida irreparable.

Una tragedia que sacudió con fuerza a todo el país, pero sobre todo a una provincia, a una comarca y a un sector luchador que se derrumbaba como un castillo de naipes ante la puntilla a dos años de una lucha que por momentos dejó de tener sentido alguno.

Desde ese 28 de octubre más que nunca la cuenca de Ciñera se tiño de negro, el negro del luto y del dolor por la muerte inesperada de seis mineros, seis hombres que han dejado un importante vacío entre sus familiares y sus compañeros que hoy más que nunca claman justicia y piden que su memoria perviva por siempre.

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