El Comercio

«No hay un equilibrio fiscal en España, las diferencias son desproporcionadas»

Fernando Martínez, en su despacho en la sede de la entidad.
Fernando Martínez, en su despacho en la sede de la entidad. / P. LORENZANA
  • «Las cajas rurales no podemos cubrir los huecos que deje la gran banca en las poblaciones de menos de 3.000 habitantes»

  • Fernando Martínez Director general de Caja Rural de Asturias

Caja Rural de Asturias cerró 2016 con un beneficio de 20,7 millones de euros y un volumen de negocio de 5.520 millones de euros. Estos datos serán expuestos hoy por la entidad a sus socios, durante la asamblea general que tendrá lugar en Oviedo. Su director general, Fernando Martínez, es optimista de cara al futuro inmediato de la Caja Rural: «Nos aventuramos a decir que la crisis pudo habernos pasado ya», afirma desde su despacho en la sede central de la entidad, donde atendió a EL COMERCIO en la víspera de la cita ante sus socios.

¿Qué Caja Rural presentará hoy a los socios?

Pues una Caja en la línea de los últimos ejercicios, con unos resultados muy aceptables y en una línea superior a la de los años anteriores de la crisis. Si vemos la evolución de la Caja por la cuenta de resultados, cerramos 2015 con un resultado de 20,6 millones, y el pasado ejercicio con un poco más: 20,7 millones. Son unas líneas de resultados con las que que nos aventuramos a decir que la crisis pudo habernos pasado ya, puesto que estamos con unos resultados similares a los que teníamos en el 2008. Además, en 2016 el volumen de negocio fue un 5,47% mayor, situándose en 5.520 millones de euros.

¿Y qué Caja Rural veremos en 2017?

Si tenemos que guiarnos por cómo está evolucionando el ejercicio, y como ya avanzamos en mayo, estamos en el camino de cumplir al 100% el presupuesto. Salvo una sorpresa que pueda llegarnos a fin de año, como hace cuatro años con los llamados 'decretos Guindos', el cierre de 2017 será similar al del pasado ejercicio, con unos 21 millones de beneficio, un crecimiento entorno al 8% y un aumento en el número de clientes y socios. Uno de cada cuatro asturianos -300.000- tiene relación con Caja Rural de Asturias.

Hay entidades, como Liberbank, que han anunciado el cierre de algunas oficinas. ¿Se plantea Caja Rural de Asturias ocupar ese hueco?

No. En principio no ocuparemos lo que deje Liberbank. Principalmente porque si ellos han decidido cerrar esas oficinas es porque no son viables. Y, claro, nadie va a un sitio a perder dinero. Nosotros creemos que tenemos nuestra red cubierta en Asturias, con 112 oficinas y 404 empleados. No abriremos, en principio, más oficinas, pero tampoco las cerramos. Lo que ya hemos hecho es ajustes horarios en algunas. No puedes en oficinas de equis clientes a tener a un empleado las ocho horas del día esperando a que le entre un cliente. Hemos adaptado los horarios para prestar servicios, ofrecemos otras fórmulas de banca, como la electrónica...

En una región como Asturias, tan envejecida, es difícil que esos modelos de relación banca-cliente cale.

Es cierto. Pero es que las Cajas Rurales no ppodemos ir a cubrir los huecos que deje la gran banca en las poblaciones de menos de 3.000 habitantes. Seguiremos donde ya estamos, pero donde hayan marchado otros no.

No habrá, entonces, nuevas oficinas, pero sí mantienen su plan de contrataciones.

No habrá nuevas oficinas para clientes particulares, pero sí para empresas. Tenemos previsto la apertura de tres oficinas, en Oviedo, Gijón y Avilés, de atención personalizada a empresas. Porque serán las pymes el foco donde nos queremos dirigir.

¿Por qué sigue costando que las empresas apuesten por Asturias?

Les cuesta a las grandes empresas, a la pequeñas y medianas no. Es por eso por lo que debemos apostar por las pymes y los emprendedores, dándoles todas las facilidades. Primero para que no se vayan y luego para atraer a gente muy válida que se nos marchó. Nosotros estamos deseando que nos demanden financiación. Porque lo que no queremos es meter los fondos en deuda pública, sino invertirlos en el tejido empresarial. Pero no acaba de llegar esa demanda de crédito. La gente es reacia, quizas por esa sensación de inestabilidad política que sigue habiendo.

El presidente de Fade dijo el pasado domingo en una entrevista en EL COMERCIO que «la fiscalidad de Asturias es una injusticia». ¿Comparte esa afirmación?

No hay un equilibrio fiscal en el país. Las diferencias fiscales desproporcionadas. Lo que hay que exigir es que todos estemos bajo las mismas prebendas fiscales, por lo que entiendo la queja. Pero también entiendo que el dinero hay que sacarlo de algún lado para la prestación de servicios, y ese 'algún lado' son los impuestos. Hay otras regiones más ricas con menos impuestos, pero el equilibrio entre las autonomías debe establecerse de otra manera.

¿Se verán más casos como el del Popular?

Estamos pasando por nuevos hitos que nos vienen desde que se produjo la regularización y de no producirse como estaba previsto, ocurre lo que ocurrió con el Popular: tienes un déficit de recursos de solvencia, necesitas ampliar capital, acudes a los mercados a capitalizarte, haces una ampliación que se vio no suficiente (5.500 millones de euros) tienes que seguir recurriendo, el mercado no te responde... ¿Cuál es la solución? O te pones en manos de un comprador o liquidación. Antes se permitía que los estados inyectasen liquidez en los sistemas, como así se hizo hasta 2010, y era necesario para que el sistema siga funcionando. Aquí si queremos que los bancos sean solventes, tienen que tener una serie de apoyos para que no se desmoronen. Al final, el Popular no es que estuviera en quiebra, es que la gente se empezó a poner nerviosa.

Y los especuladores dieron el tiro de gracia...

Eso le puede pasar a cualquiera. Como se pongan a especular, ni el BBVA y el Santander están libres.

¿Se prevén más fusiones?

Aquí, en España, al final quedan cinco gallitos en el gallinero, por lo que lo que se verán serán fusiones supranacionales. ¿Quién no dice que mañana veamos una unión Santander BNP, por ejemplo? Se crearán trasatlánticos financieros y aquí seguimos los pequeños para atender la clientela minorista, porque al final a esos bancos lo que menos los preocupa es ese tipo de clientes.

Es decir, que en cuestiones bancarias el tamaño no importa.

Pues no. Hoy las entidades más solventes son las que menor tamaño tienen porque son las que menos expuestas estuvieron a riesgos como el ladrillo o la crisis industrial.

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