La gran industria se detuvo tres veces para abaratar la luz ante la ola de frío

Arcelor, Alcoa y Azsa han tenido que aplicar la interrumpibilidad tres veces en lo que va de año, ya que el mal tiempo dispara el consumo eléctrico

S. BAQUEDANO GIJÓN.

A mayor bajada de temperatura, mayor consumo de energía y, como consecuencia, mayor factura. Para evitar esto último y a consecuencia de la intensa ola de frío que azota España, la interrumpibilidad eléctrica se ha aplicado hasta en trece ocasiones en lo que va de año, contribuyendo así a abaratar el recibo de la luz. En concreto, las grandes compañías electrointensivas asturianas -ArcelorMittal, Alcoa y Asturiana de Zinc- han recibido tres órdenes de interrumpibilidad que se han aplicado durante una hora, para interrumpir un consumo de entre 470 y 500 MWh en cada aviso. Esto significa que cada una de las tres empresas ha paralizado la producción un total de tres horas en menos de mes y medio, según fuentes de la Asociación de Empresas con gran consumo de energía (Aege).

La aplicación de la interrumpibilidad ha obedecido a «criterios económicos», un nuevo uso introducido en esta última subasta de 'transición'-que se celebró el pasado diciembre y estará vigente cinco meses, hasta mayo- para abaratar el precio de la electricidad al consumidor final.

Estas paradas de producción no afectan al normal funcionamiento ni a los resultados de las grandes compañías, que ya cuentan con ellas en el contrato que tienen firmado con el operador del sistema, Red Eléctrica Española. «Es una manera de colaborar con el sostenimiento del sistema y beneficia a todos los consumidores eléctricos, con lo que conviene ponerlo en valor», afirma el director general de Aege, Fernando Soto, en declaraciones a este periódico.

Hasta la aprobación de la nueva normativa, el servicio de interrumpibilidad en España solo se había aplicado como medida cautelar para garantizar el suministro de energía de una zona específica cuando se registraba algún incidente en la red, a fin de evitar así problemas mayores. Fue lo que ocurrió, por ejemplo, en junio del 2016, cuando se averió durante dos horas un transformador de la subestación de Soto de Ribera. O durante tres horas en la noche del 2 al 3 de octubre del pasado año, debido a una parada técnica en la central térmica de Aboño.

La principal diferencia este año respecto a las anteriores subastas eléctricas, en las que las grandes industrias obtienen primas por comprometerse a parar cuando el sistema lo requiera- es su período de vigencia, que se redujo de un año a cinco meses, hasta el 31 de mayo. Desde Aege, Soto confía en que la próxima subasta otorgue la «estabilidad» que necesita la industria. «Para invertir hace falta seguridad, previsión y certidumbre», agrega.

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