«No fue una huelga laboral, sino una huelga vital y el éxito es la red que hemos tejido»

«No fue una huelga laboral, sino una huelga vital y el éxito es la red que hemos tejido»
Atrás, Tini Navas, Marta Fernández, Agustina Guglielmetti, Susana Moral, Olga Carrasco Heras, María del Pilar Muñiz y Sara Combarros. Delante, Alejandra Matallanas, Bea Morais y Jara Cosculluela. Falta Laura Fernández Xavier para completar la coordinadora de la Comisión 8 de Marzo en Asturias. / JORGE PETEIRO

La coordinadora de la Comisión del 8 de Marzo en Asturias sabe que el reto, ahora, es que «el sistema no vacíe de contenido lo que hemos puesto sobre la mesa»

Aida Collado
AIDA COLLADOGijón

Son las siete de la tarde y diez de las once componentes de la coordinadora de la Comisión del 8 de Marzo en Asturias vuelven a reunirse 24 horas después de haber conseguido desbordar Gijón con una manifestación y una huelga por la igualdad sin precedentes. A alguna le queda menos voz que ganas y otras aún se emocionan sentadas en los bancos de la plaza del Humedal. Ni siquiera hoy Susana Moral se vio sola, como en su pesadilla de la noche antes, cuando únicamente ella con su brazalete morado gritaba para hacerse oír. Es imposible recordar lo ocurrido anteayer, los miles de personas, los tambores y los carritos, todo ello, sin respigarse. No es la primera vez que las lágrimas les vienen a los ojos en las últimas horas.

El jueves por la mañana, cuando el piquete social previsto en Oviedo mutó en una multitudinaria manifestación de calentamiento, ya fue difícil contener la emoción. Avanzaban por las calles de la capital y, en un momento determinado, se encontraron en la carretera, con niños de preescolar asomados a la ventana de su colegio aplaudiendo a un lado de la calle y las 'kellys' del hotel de enfrente levantando los puños en señal de fuerza, al otro. Sabían que se avecinaba algo grande. En las plazas de los ayuntamientos ya se notaba que mucha gente estaba dispuesta a echarse a la calle -y eso que algunas, como Agustina Guglielmetti, llegaron cargadas de pancartas por si no iba nadie, para al menos hacerse notar-, pero nunca se atrevieron a prever las dimensiones de la protesta de Gijón. Lo resume Jara Cosculluela: «Pensábamos que sería una manifestación de desborde, pero no sabíamos lo que realmente suponía un desborde así».

Para María del Pilar Muñiz hubo un punto de inflexión: «Yo tuve la sensación de que íbamos a ser capaces de llegar a todo el mundo cuando las periodistas publicaron el manifiesto», recuerda. Fue ahí cuando se aceleró un proceso que había comenzado en diciembre. Y fue el colectivo estudiantil, apunta Bea Morais, el que inició hace tres meses el trabajo por el 8M.

Componentes de la Comisión del 8 de Marzo, en la plaza del Humedal de Gijón.
Componentes de la Comisión del 8 de Marzo, en la plaza del Humedal de Gijón. / Jorge Peteiro

A finales de año, se convocó una asamblea abierta en Cambalache (Oviedo) y el movimiento echó a rodar. En un primer momento, explica Alejandra Matallanas, «no se sabía muy bien cuál sería el apoyo sindical y la asamblea de Zaragoza fue muy importante para hacer un primer boceto del manifiesto y definir los motivos y objetivos de la movilización». El 13 y el 14 de enero, Cosculluela y Sara Combarros asistieron junto a más de 400 mujeres de toda España al encuentro estatal. Se celebró entonces la primera rueda de prensa, convocando la huelga. Ya de vuelta a Asturias comenzó una cuenta atrás «a ritmo frenético».

Había mucho, tanto, por hacer y apenas quedaba tiempo. El primer plenario en el Fontán reunió a más de cien mujeres y muchas de ellas nunca habían participado antes en organizaciones feministas ni en movimientos asociacionales. «Queríamos abrirlo a todas las mujeres, era fundamental», destacan hoy.

Pensaron una campaña para llegar a los sitios donde «nunca se llega» y alucinaron cuando fueron las mujeres de los pueblos las que se pusieron en contacto con ellas de forma espontánea para sumarse al movimiento. Y lo hicieron. Con ellas y con muchas. Lo demás ya es historia. «El éxito es la red que hemos sido capaces de tejer», señala Matallanas. Las mujeres, «organizadas, hemos unido reivindicaciones. Las de todas. Y eso era muy difícil de hacer en un par de meses».

Lo más importante ahora es que nadie piense que todo ha pasado. Porque este no fue un paro al uso, con un principio y un final. «No fue una huelga laboral, fue una huelga vital», aporta Moral. «Nunca se había hecho nada así y no hemos tenido tiempo para ver cómo lo afrontamos», concede Morais. «Esto es un punto de partida, sin marcha atrás», completa Guglielmetti cediéndole el remate a Matallanas: «Paramos porque venimos de muy lejos y vamos muy lejos».

Su intención siempre será «poner el acento en todo aquello que no se ve», pero eso no quiere decir que en la esfera pública esté todo solucionado, ni mucho menos. Tienen la dura tarea por delante de plasmar un éxito como el de ayer en la vida cotidiana de millones de mujeres. «Hay algo que nos preocupa mucho: ahora tenemos una responsabilidad muy grande, ser capaces de gestionar todo esto para que el sistema no vacíe de contenido la palabra feminismo y todo lo que hemos puesto sobre la mesa».

«Tendremos que hablar sobre todo lo que ocurrió ayer, pero mirad lo que hemos conseguido hacer apartando las diferencias», asevera Olga Carrasco Heras. Hay algo que merece la pena destacar, añade Marta Fernández: «Se movilizó a muchísima gente joven. Los bloques de estudiantes fueron enormes y no solo de alumnos de la Universidad, también de los institutos. Vienen unas generaciones súper potentes, muy concienciadas».

Solo una pregunta más, que no puede quedar en el aire. «¿No tenías la sensación de que estábamos haciendo historia?», pregunta una. «Sí», responde rotunda Tini Navas, junto a todas las demás. A todas.

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