Un inesperado auge del carbón mientras llegan más renovables

La necesidad de sostener la actual demanda, ante la falta de lluvias y viento, ha impulsado a las térmicas en un mercado que le ha sido favorable

J. M. CAMARERO MADRID.

Para que la economía esté libre de emisiones contaminantes aún queda un largo camino por recorrer. Y será más duro de lo inicialmente estimado, a pesar de la adhesión de España a tratados como el de Kioto, o recientemente el de París, en el que se insta a que la producción energética verde supere el 30% en el año 2030. A estas alturas de 2017, nadie esperaba que el carbón se mantuviera como una de las fuentes de generación de luz más necesarias para evitar apagones.

Con el paso de los años, la producción de las centrales térmicas no solo no ha descendido, sino que ha incrementado su cuota de participación en el 'mix' energético. En lo que va de año, representa más de un 17%, frente a la media del 14% de los últimos ejercicios. El sistema tiene que seguir valiéndose de esta tecnología porque con el parque de renovables e hidroeléctricas, mermado por la situación anticiclónica, sería imposible sostenerlo.

Los expertos apuntan a otra variable que explica por qué es tan sencillo usar esta materia prima, sin apenas costes socioambientales. El precio de los derechos de dióxido de carbono (CO2) se encuentra en mínimos, en el entorno de los siete euros por tonelada emitida. «A estos precios, sale rentable usar carbón y pagar la multa por contaminar más», indican algunos productores.

Sin embargo, el sector del carbón ha recorrido un año en el que ha visto cómo el precio de la materia prima se ha ido incrementando, lo que ha provocado un mayor impacto en las cuentas de resultados de las sociedades que gestionan las centrales térmicas. Si ese carbón cerraba el primer semestre de 2016 con un precio de 45 dólares por tonelada, a finales del año pasado llegaba a los 90 dólares, para bajar durante buena parte de este ejercicio hasta los 75 y volver a incrementarse ahora hasta 95 e incluso 100 dólares. Estos incrementos se deben a la cotización del material en un mercado internacional marcado por China e India, los dos grandes productores.

En España, apenas una mínima parte del carbón que se utiliza en las centrales proviene de las cuencas mineras donde se ubican esas instalaciones. La mayoría es de importación. Y un desuso del mismo tiene importantes efectos socioeconómicos para las provincias donde se ubican los históricos pozos mineros del país, con áreas de población impactadas.

A la espera de que se resuelva esta cuestión de trascendencia para Asturias o León, entre otras zonas, el sistema eléctrico sigue esperando la llegada de las energías renovables. Este año, el Ministerio ha puesto en marcha dos subastas 'verdes' de hasta 3.000 Mw cada una. Supone la reactivación de unas instalaciones cuya construcción frenética se paró en seco en medio de la crisis.

Los recortes a las primas por instalar renovables han ralentizado un crecimiento que parecía imparable hasta 2009. El parque de estas instlaaciones pasó de representar menosd e un 20% del total en el 2000 hasta situarse el año pasado muy cerca del 50%. Aún conscientes de la necesidad de implantar más energías verdes, a la factura eléctrica se le siguen atragantando las subvenciones comprometidas con parte del sector.

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