«Se pierde la confianza, perjudica la salud, las relaciones personales y genera estrés»

Miguel Silveira.
Miguel Silveira. / JOAQUÍN PAÑEDA

El psicólogo Miguel Silveira aconseja «mantener su red de contactos» y «buscar nuevos yacimientos» de trabajo

C. GARCÍA GIJÓN.

En los años de crisis, miles de personas perdieron su trabajo en Asturias. Hubo empresas que recalcularon su plantilla en función de las ventas y de su actividad y aplicaron Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) y otras, cerraron sus puertas. En cualquier caso, en el camino quedaron profesionales que, sin esperarlo, acabaron en la cola del paro buscando un trabajo. En todos estos años, algunos han conseguido recolocarse, otros se reinventaron y han iniciado otra actividad, pero aún hay muchos que llevan buscando y acumulan años de desempleo. ¿Qué pasa por la cabeza de una persona que tras años sigue sin empleo? «El capital más importante de una persona es la confianza, y cuando falla, falla la esperanza». La frase es del psicólogo asturiano Miguel Silveira que, por su trabajo, conoce de primera mano la problemática a la que se enfrenta este colectivo. El parado pasa de tener un día un trabajo, una estabilidad personal y económica a, de repente, encontrarse en una situación que desconoce. Con el tiempo «duda de sí mismo y comienza a cuestionar si está capacitado para hacer su trabajo, cree que ya no sabe hacerlo».

La situación «genera mucho estrés, mucha tensión y perjudica la salud, su rendimiento y sus relaciones personales», explica. Y tras años de estrés, caer en una depresión es fácil. Ser un parado de larga duración «mina la confianza, porque el factor trabajo es esencial para mantener la confianza, para mantener su economía familiar». Todo esto unido, comenta el experto, al pensamiento que existe en la sociedad de que «si no se trabaja, no se es nadie», la situación se complica aún más.

La crisis destruyó miles de empleos y, aunque los datos animan a pensar en recuperación, hay colectivos más castigados por el desempleo que lo arrastran desde el inicio de la recesión. El factor edad resulta bastante determinante, no solo a la hora de recolocarse, sino además, de sobrellevar el paro de larga duración. «Un joven tiene más tiempo para recuperarse que una persona de 40 años si piensa en que se acerca el momento, tras dos años de paro, de perder la prestación». Y es que durante ese tiempo «todo se desestructura, la falta de ingresos genera conflictos familiares y perjudica las relaciones», explica el psicólogo. La situación es más delicada, añade, «entre los mayores de 55 años porque no se ven con capacidad de hacer otra cosa». Y, aunque la situación afecta a todos más o menos igual, Miguel Silveira comenta que podría darse el caso de que «al hombre, que por tradición es el que tiene que llevar el dinero a casa, podría hacérsele más cuesta arriba, porque a ojos de los demás se puede mermar la hombría».

Aunque no caer en la depresión ante esta situación es difícil, tampoco es imposible. Miguel Silveira da la claves. «El que a medio y largo plazo va anticipando el futuro tiene más fácil readaptarse». El parado tiene que «mantener su red de contactos, buscar nuevos yacimientos de trabajo, hacer un seguimiento de los lugares donde ha enviado sus currículos». Si no hace nada, explica, «está a merced de la ayuda de las instituciones. No puede cerrarse en uno mismo, porque se eleva el riesgo de depresión y de suicidio». Además, Silveira hace un llamamiento a las instituciones para crear reuniones de trabajo y cursos para trabajar la autorrecuperación. «Hay que hacer un llamamiento a la conciencia social».

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