«El PP quita fondos para la igualdad para dárselos a la Fundación Franco»

Rosa Regás.
Rosa Regás. / PATRICIA BREGÓN

La escritora Rosa Regás culpó a la Iglesia y a una sociedad «ineducada» de considerar a la mujer como «el último mono»

D. FERNÁNDEZ AVILÉS.

Nunca se ha mordido la lengua para denunciar las injusticias. Y ayer, en Avilés, menos aún. Porque para Rosa Regás (Barcelona, 1933), una de las principales injusticias de la sociedad «machista en la que vivimos» es la desigualdad entre hombres y mujeres. La escritora catalana fue la protagonista de la mesa redonda que abrió la segunda jornada de la Escuela Internacional de Verano Manuel Fernández, 'Lito', organizada por UGT, que en esta edición, la decimoctava, se celebra en la villa avilesina. En ella, quien fuera directora de la Biblioteca Nacional entre 2004 y 2007, no dudó en señalar a la «Iglesia católica y a una ineducada sociedad» como los culpables de una desigualdad de género que sigue existiendo, pese a los avances conseguidos.

Con su inseparable pin de la bandera tricolor de la II República, Rosa Regás afirmó sentirse «muy pesimista» respecto al papel de la mujer en la sociedad, porque «no está pasando nada que no pasara hace cuarenta años», aunque reconoce que las cosas han cambiado, «pero no lo suficiente, porque la sociedad sigue siendo igual de machista».

Para la escritora catalana, la principal culpa de esta situación se encuentra en una estructura piramidal de la sociedad que se encuentra muy enraizada y que surge de la posición predominante que ha tenido la religión católica en nuestra cultura, «una fe que, como las otras dos religiones monoteístas del Mediterráneo, la judía y la islámica, considera a la mujer inferior». «No hace falta más que leer a un tal San Pablo, que dicen que se cayó de un caballo, para ver cómo el catolicismo sostiene que la mujer debe estar sometida al marido. Si uno lee la Biblia ve que Jesús jamás de los jamases dijo que la mujer era inferior al hombre, pero, claro, como lo dijo San Pablo... Y, que yo sepa, dos mil años después, nadie de la Iglesia ha salido a desmentirlo», afirmó la novelista. «La estructura de los miembros de la Iglesia desde Dios hasta el último mono, que somos las mujeres, es una gran pirámide en la que en lo alto está Dios y, conforme vamos bajando, nos encontramos a los ministros, que tienen que dar cuenta de lo que ocurre a Dios, luego los hombres y más abajo, vienen las mujeres», añadió.

Además de la influencia del Catolicismo en la sociedad, Rosa Regás también responsabiliza a los gobiernos de la desigualdad entre hombres y mujeres. Especialmente crítica fue con el actual, presidido por Mariano Rajoy, del PP, a quien acusó de «quitar fondos a políticas de igualdad para dárselos a la Fundación Franco». La escritora asegura que su acusación se fundamenta «tras ver cómo el PP nada más llegar al poder eliminó el Ministerio de Igualdad y redujo los fondos al máximo. Esto debe saberlo la gente cuando vota», insistió. «Si tenemos una ministra de Trabajo -Fátima Báñez- que le hace carantoñas a una virgen como si fuera la responsable de que tengamos más o menos empleo, queda demostrado qué pasará con la desigualdad con este Gobierno», lamentó la novelista catalana.

También arremetió contra la doble vara de medir que, a su juicio, tiene la sociedad y los gobernantes a la hora de valorar al hombre y a la mujer. Y puso como ejemplo las víctimas de la violencia de género: «Cuando muere un soldado en Afganistán, por ejemplo, vemos grandes funerales en los que participa el Rey, el Gobierno,... Muere una mujer asesinada por su pareja y solo van los vecinos. ¡Y gracias!».

Para la novelista, la solución a la desigualdad pasa por la Educación. «Las leyes ayudan, pero seguimos siendo una sociedad profundamente ineducada», dijo, para arremeter, de nuevo, contra el Gobierno de Rajoy por haber eliminado la asignatura de Educación para la Ciudadanía, «que te enseñaba, entre otras cosas, lo que ocurre en la sociedad y las desigualdades que hay».

Rosa Regás compartió mesa redonda con María del Pilar García Cuetos, catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo. Estaba prevista la asistencia de la exministra de Cultura, Carmen Alborch, y de la directora de actividades de Laboral Centro de Arte, pero por motivos de salud la primera y por problemas de transporte, la segunda, no pudieron acudir.

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