Seis años al timón de la ingeniería

El yerno de quien fuera el mayor accionista sucumbe a las presiones y abandona la presidencia a la que llegó en 2011

S. B. GIJÓN.

El capitán es el último que abandona el barco. Bajo esa idea bucólica, Ángel Antonio del Valle se había aferrado en los últimos meses a la presidencia de Duro Felguera pese a las presiones de los trabajadores, de la banca acreedora y de potenciales inversores que le responsabilizaban de estar dirigiendo la 'nave' al naufragio. Pero este perito industrial y aparejador se resistía a dejar el timón después de seis años al frente del grupo del que su familia es titular del 24,4% del capital. Sentía suya la empresa y se había comprometido a dar un paso atrás una vez que la situación se encarrilase, pero cada vez eran más los que le consideraban parte del problema. Y como suele ocurrir cuando las cosas se tuercen, cada vez estaba más solo.

Nacido en Gijón hace 55 años y con vínculos familiares con La Felguera, Del Valle fue nombrado presidente de Duro Felguera el 23 de junio de 2011. Casado con Beatriz Álvarez, una de las dos hijas de quien fuera el accionistas mayoritario de la compañía, Gonzalo Álvarez Arrojo, tuvo experiencia gestora en varias de las empresas de su familia política -fundamentalmente vinculadas con la promoción, construcción y el transporte de viajeros-, y se incorporó a Duro como consejero una vez que su suegro se convirtió en accionista hegemónico, a partir de junio de 2005.

En los dos años siguientes, Álvarez Arrojo había apostado por regular que los empresarios con actividades industriales colindantes a las de Duro se sometiesen a un comité de contrataciones y que se revisasen las adjudicaciones de obras a terceros. Al frente de este comité puso a su yerno. En enero de 2008, Álvarez Arrojo asumía la vicepresidencia de Duro y poco después, en mayo, Del Valle ascendía a consejero delegado.

Con una posición accionarial similar a la actual y con cuatro de los once puestos del consejo en poder de la familia, Duro tenía muy clara la línea de poder. Con el tiempo, los miembros del máximo órgano ejecutivo de la compañía fueron cambiando, pero Del Valle mantenía influencia sobre la mayoría.

Arrojo había respaldado a Juan Carlos Torres Inclán como presidente, cargo al que accedió en junio de 2003. Arrojo dio la estabilidad accionarial y Torres intensificó la captación de contratos, dio un vuelco a la sociedad, reorientándola hacia la ingeniería, gestión de proyectos llave en mano y prestación de servicios especializados a la industria e impulsó la mayor internacionalización de la historia de la firma. En junio de 2011, Torres Inclán se despedía de la junta general de accionistas de la empresa con un lacónico «muchas gracias y hasta siempre». Su dimisión abría paso a una nueva etapa en la compañía en la que Juan Gonzalo Álvarez Arrojo tomaba las riendas del grupo al colocar a su yerno, Ángel Antonio del Valle, como hombre fuerte del grupo.

Del Valle exprimió los primeros años de bonanza de Duro, pero las cosas se fueron torciendo fruto de una gestión que primó los dividendos y las compras. La banca acreedora responsabilizaba a Del Valle de una «mala gestión» que ha llevado a Duro a la dramática situación financiera en que se encuentra actualmente. El grupo industrial tiene hoy 350 millones de euros de deuda financiera bruta y 110 millones en caja, con lo que la deuda neta se sitúa en los 240 millones. Pero a esa cuantía se suman otros 500 millones procedentes de pago de dividendos y recompra de acciones, entre otras operaciones, así como la compra del edificio de Madrid que costó 35 millones y la división de Núcleo por la que la empresa pagó 70 millones. La banca considera que si no se hubieran producido esos gastos, ordenados por Del Valle, Duro hoy tendría 250 millones en caja y cero de deuda financiera.

A ello se suman los impagos procedentes de proyectos en Argentina, Australia, India y Venezuela, donde hay litigios y arbitrajes pendientes de solución y que suman 492 millones de euros. Del Valle confiaba en cobrar esa cuantía para reactivar la empresa. No ha sido posible. Enderezar el timón de Duro corresponde ahora a otros.

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