El Comercio

«Arrancar es muy duro, pero compensa dedicarte a lo que te apasiona»

Ana Corvobado y Amelia D'Aubarede, trabajadoras autónomas y socias de Punto Retro, en su taller de Castiello, en Gijón.
Ana Corvobado y Amelia D'Aubarede, trabajadoras autónomas y socias de Punto Retro, en su taller de Castiello, en Gijón. / PABLO LORENZANA
  • La firma Punto Retro, un taller-mercado de muebles, es el logro de dos asturianas que dieron el salto al trabajo autónomo hace seis años

Ana Corcobado y Amelia D'Aubarede tienen más cosas en común que la inicial de sus nombres. Las dos son asturianas, están casadas, tienen dos hijos cada una y eligieron trabajar por cuenta propia hace seis años, cuando el destino hizo que compartieran una charla casual en la que ambas vislumbraron que tenían el mismo espíritu emprendedor, creativo y algo hippie. De aquella conversación sobre cómo tunear un vestido y que acabó en muebles y decoración, nació la idea de montar un taller-mercadillo. En diciembre de 2010, Punto Retro vio la luz en una nave de Castiello de Bernueces, en Gijón.

Pero antes de abrir ese local, donde ahora exponen sus creaciones y proyectan dar clases para que quien quiera pueda hacerse sus propios muebles, hubo una especie de 'ensayos'; primero en casa, cada una con las herramientas que habían acumulado en los años en que decorar era solo afición, y luego en un taller de aperos de Quintueles. Las dos recuerdan su primera clienta y su primera pieza: una silla francesa con pan de oro, para lucir en una tienda de moda del centro de Gijón.

Los comienzos, como los de casi todos los trabajadores autónomos, fueron «muy duros», reconocen. Las subvenciones que existían entonces no se ajustaban a las necesidades que tenían Ana y Amelia, pero decidieron «tirar para adelante», porque «compensa dedicarte a lo que te apasiona». Se embarcaron en su primer viaje a Francia, al que seguirían muchos más y a otros destinos, para «investigar y traer mercancía», que luego ellas, con imaginación, arte y buen gusto, restauran para ofrecer exclusivos objetos. En su taller y en su mercadillo on line exhiben todo tipo de tesoros, desde porcelana alemana, jarrones de opalina y espejos decó hasta piezas de mayor tamaño, como vitrinas provenzales, cabeceros de cama o pupitres antiguos.

Antes de dar el salto al mundo del autónomo, las dos socias habían tenido antes trabajos por cuenta ajena. Ana, que estudió Turismo, compaginó la carrera con trabajos de guía turística y en una agencia de viajes. Luego se ocuparía de labores administrativas en una oficina y en una asesoría jurídica. Llegaron los niños, y la difícil conciliación. Pero se encontró con Amelia, que había trabajado en publicidad y en una tienda de antigüedades, y que también buscaba compaginar vida laboral y familiar. Les unía solo una amistad familiar. Ahora les une el trabajo. La vida del autónomo. «Todos los meses tenemos unos gastos fijos de cuotas, alquiler de la nave y compra de mercancía. Aún así logramos mantenernos. Nos consideramos afortunadas por poder dedicarnos a lo queremos, pero debería haber más facilidades, como rebajas en las cuotas o exención de algunos impuestos». Su proyecto de futuro es abrir un local en el centro de Gijón. «Tuvimos una exposición temporal en un establecimiento, pero si la situción mejora y nos diese para contratar a una persona, nos gustaría tener nuestra propia tienda». De momento, se conforman con su taller, físico y on line, abierto al mundo.