Los tres acusados estuvieron arropados por sus compañeros.
Los tres acusados estuvieron arropados por sus compañeros. / D. MORA

«Miramos más por Agalsa que la dirección», defienden ante el juez los empleados investigados

  • Aseguran que las instalaciones de Tremañes «siguen en pie gracias a la plantilla» y niegan ser los autores de los hurtos y daños denunciados por la compañía

Los tres trabajadores de Agalsa denunciados por la compañía por «hurto y daños» en las instalaciones de Tremañes defendieron ayer ante el juez lo que siempre han mantenido en sus declaraciones públicas y ante la Policía: que ellos son «los primeros interesados» en que la empresa se mantenga en buenas condiciones y atractiva ante un posible comprador. Negaron cualquier implicación en los hechos que recogen las diversas denuncias presentadas por la dirección, que hablan de la desaparición de herramientas, mandos de maquinaria y desperfectos, y que -según fuentes de la propia empresa- obligaron a la Policía a realizar atestados para averiguar su autoría. «Nosotros estamos mirando más por la empresa que ellos. Si más o menos continúa en pie a día de hoy es gracias a la plantilla, no a la dirección», insistía a la salida del Palacio de Justicia de Gijón el presidente del comité de empresa y uno de los investigados, David Castilla.

Los otros dos empleados señalados ya habían sido expulsados por otros motivos de la compañía, en 2011 y 2013, aunque después ésta fue obligada a readmitirles. El hecho de que sean precisamente ellos y el presidente del comité los investigados hace pensar a parte de la plantilla que se trata de una «caza de brujas».

El juez se interesó por si los declarantes habían participado en piquetes para evitar la entrada de camiones en las instalaciones del grupo, punto que también rechazaron. «Nunca se ha puesto ningún problema a que entrasen a cargar y descargar», mantienen. También le detallaron las razones por las que la plantilla no quiere que se vacíe la caldera. «Nos preguntó por qué no queríamos que se sacara el zinc de allí y le explicamos que sacarlo era como cerrar la fábrica, que se estropearía la caldera y eliminaría la posibilidad de conservar la planta en buenas condiciones para un posible comprador», contaron a la salida. Sin embargo aclararon que, de todas formas, nunca habían recibido la orden directa de hacerlo y «ahora ya es la administradora concursal quien debe dar las órdenes».

El presidente del comité considera «incoherente» la postura de la dirección. «Me acusan de hurto y me siguen mandando doce horas el sábado y doce horas el domingo a hacer guardia durante el fin de semana», reprocha. «No hay quien lo entienda», lamenta antes de incidir en que «todos seguimos acudiendo a nuestro puesto de trabajo, aunque nunca nos hayan mandado hacer nada».

La empresa también ha denunciado «daños a materiales propiedad de terceros, de clientes, con lo que ello también acarrea unas responsabilidades» a la compañía. Según su versión, los hechos comenzaron a producirse antes incluso de que se presentase la solicitud voluntaria de concurso de acreedores, en el juzgado de lo Mercantil. Eso fue el 13 de febrero y ese mismo día se comunicó al comité la apertura de un ERE de extinción para 102 de los 130 trabajadores de la firma.