«¡Viva el Rey y la Guardia Civil!»

Los vecinos de Pola de Somiedo se volcaron con el monarca en su visita | Felipe VI se encontró banderas de España en las ventanas, piropos y salvas de aplausos, en una rotunda muestra de apoyo de la localidad

AIDA COLLADO POLA DE SOMIEDO.

Se dice, se comenta que, en una única ocasión y de forma improvisada, Carlos V varió su ruta por miedo a un atentado y pasó por Pola de Somiedo. Desde entonces, y ni siquiera está muy claro que eso ocurriera, «no habíamos visto a un rey por aquí», explicaba ante las cámaras Francisco Menéndez. Paco 'el veterinario' sí conocía a Felipe VI. El monarca ya había recorrido las calles de la localidad hace casi 30 años, pero por entonces su título era el de Príncipe de Asturias. Igual que cuando volvió con Doña Letizia en 2004, aún como heredero. Pero ayer era todo un rey el que visitaba su Ayuntamiento. Y lo hacía en un momento muy especial en el que los vecinos quisieron mostrarle su rotundo apoyo. Numerosos '¡Viva el Rey!' se escucharon desde que puso un pie en el pueblo. Salvas de aplausos. Hurras. Piropos, algunos más protocolarios que otros, pero halagos al fin y al cabo. Sin brechas. Sin atisbo de voz crítica. Con una intención clara de apoyar la unidad del Estado, que se evidenció con otros salmos: «¡Viva España! ¡Viva la Guardia Civil!».

Lo primero que hizo el jefe del Estado fue pararse a observar la placa que él mismo inauguró en 1990 y que desde la fachada del Consistorio celebra que dos años antes Somiedo fuese reconocido como Parque Natural. A continuación y tras un breve saludo a los asistentes, entró al Ayuntamiento, donde firmó en el libro de honor del parque, también iniciado por él. Charló con el personal municipal y los miembros de la comitiva, que le acompañaban desde el acto del centenario de la central de La Malva, agradeció las invitaciones del alcalde -quien insistió en que visite el municipio a título personal, ante su interés por avistar un oso- y salió a la plaza, donde recibió innumerables muestras de cariño.

La primera, de los más pequeños de la localidad. Pero también los más veteranos quisieron dirigirse a él. «¡Tenemos un Cristo que es una joya! ¡Que te lleven a la iglesia a verlo!», le aconsejaban desde la ventana engalanada con banderas de España tres vecinas. «¡Rey, guapo!», se lanzaban otras. Algunos se valieron de un palo 'selfie', otros casi se descoyuntan el brazo para inmortalizarse junto a la máxima autoridad del país, salvando las vallas.

Quienes charlaron con él dicen haberle visto «tranquilo», a pesar de lo candente del conflicto catalán. Lo que sí se mostró fue abiertamente agradecido por el recibimiento. Cuando se subió al coche, comenzaron los lamentos. «¡A saber cuándo vuelve!», «¡Vamos a salir en todas partes!», comenzaban a comentar los vecinos.

Felipe VI dejó Asturias para encontrarse con el mismo respaldo en la comunidad vecina. «¡Somos España!», le gritaron desde Villablino (León), cuando se disponía a coger el helicóptero que le llevaría de vuelta a Madrid.

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