El Comercio
Elecciones Generales 26-J

Unidos Podemos sufre en Asturias la tercera mayor caída del país y su futuro se complica

  • Mientras Izquierda Unida apela a su autonomía y aboga por desarrollar el pacto de investidura con el PSOE, la formación morada evita cualquier guiño hacia los socialistas

En las vísperas del 26-J, un temor anidaba en el seno del PSOE asturiano. «Si en alguna comunidad se puede dar el 'sorpasso' es aquí», comentaba entonces, y recuerda ahora, un experimentado dirigente del partido en referencia a la efervescencia de Unidos Podemos. El Principado es una de las regiones donde la formación morada cuenta con más implantación autonómica y municipal en su breve recorrido político y en cuanto a IU, con una larga historia detrás, es uno de los bastiones de la organización que pilota Alberto Garzón. Pero los socialistas, en el fondo, confiaban en que los problemas con que la confluencia arrancó en la comunidad, los desánimos y los recelos mutuos, pesasen más que ninguna otra cosa. Y así acabó sucediendo. El votante transversal que hizo crecer a unos y el orgulloso afín a unas siglas históricas que nutre a los otros prefirió quedarse en casa y, fruto de ello, la alianza de la izquierda alternativa cosechó aquí el tercer peor resultado de todo el país en el desglose provincial. El dictamen de las urnas es malo en una primera lectura para ese proyecto conjunto pero quizá sea peor el escenario que abre en el medio y el largo plazo, porque, a día de hoy, ningún pegamento une a las dos partes.

El batacazo de Unidos Podemos es colosal. Lo es tanto en una comparación estricta con el 20-D -en el caso de Asturias la suma de las dos fuerzas se quedó el domingo seis puntos y más de 45.000 votos por debajo del respaldo obtenido por separado- como sobre todo si se toman como referencia las expectativas creadas, el objetivo del adelantamiento del PSOE. La confluencia solo salió bien parada en los territorios nacionalistas, donde incluso experimentó un suave avance: País Vasco, Cataluña y Navarra. Naufragó estrepitosamente en otro de sus grandes viveros de voto, Andalucía, y tampoco funcionó allí donde lleva meses ejerciendo labores de gobierno, como Madrid o la Comunidad Valenciana. Junto con el Principado, Canarias y Baleares presentaron el peor comportamiento.

Siendo negativo este balance, quizá lo peor para el proyecto de confluencia, especialmente en Asturias, sea el escenario que se abre ahora. Porque en caso de éxito, de 'sorpasso' al PSOE, una incoporación de IU a la estrategia de presión que Podemos viene ejerciendo desde el inicio de la legislatura sobre el Gobierno asturiano en la Junta General hubiera puesto en una posición límite a Javier Fernández. Pero eso no ha sucedido y, en un primer vistazo, se constata que IU y Podemos se sentarán mañana en la Cámara -hay pleno después del parón de la campaña- con posiciones políticas bastante diferenciadas.

Replanteamiento

En IU ha quedado claro que las tesis contrarias a la forma de impulsar la confluencia esgrimidas desde un principio por el portavoz parlamentario, Gaspar Llamazares, se han revelado acertadas. Incluso quienes desde un principio defendieron desde la más sincera convicción el acuerdo admiten ahora que solo ha servido para mitigar el previsible desgaste que desde el 20-D arrastraba Podemos y que entre la militancia propia la ilusión que despertó ha sido mínima. Y que, por tanto, urge replantearse las cosas.

Es un hecho que el 'sorpasso' hubiera situado a IU en una posición complicada. La coalición firmó al inicio de la legislatura un acuerdo de investidura con el PSOE que hizo presidente a Javier Fernández y que en estos meses ha tratado de desarrollar, a veces con más éxito, a veces con menos, en constante litigio con el Gobierno. Esa victoria probablemente hubiera arrastrado a Llamazares y los suyos hacia el discurso beligerante y sin resquicio al consenso que por el contrario ha mantenido Podemos, complicando así mucho las cosas al Ejecutivo socialista pero también obligando a Izquierda Unida a una pirueta argumental para acomodar y reconvertir su posición.

No será así y, en vista del resultado del 26-J, IU mantendrá su autonomía e insistirá -«presionando hasta donde sea necesario» al gabinete socialista, señala un dirigente-en el desarrollo del pacto de investidura. La organización, además, vería bien que Podemos flexibilizara su postura y, como hace en otras autonomías o ayuntamientos, se mostrara dispuesto a alcanzar acuerdos en la Junta con el conjunto de la izquierda, incluyendo también al PSOE, para sacar a la región del bloqueo.

El problema es que Podemos no ve claro ese escenario porque piensa que el que tiene que ceder, que relajar su posición, es el PSOE y no ellos. «Confiamos en que el batacazo histórico les permita comprender que deben ser más accesibles al cambio y que seguir el programa de Garicano no es lo que demanda su electorado», razona uno de sus dirigentes, que piensa que los socialistas se han equivocado apuntando sus baterías a la formación morada y no a «un PP corrupto». Pero Javier Fernández debe asumir, apunta con tono de aviso, que Podemos «ha llegado para quedarse».