El Comercio

Festival de Cine de Gijón

El nacimiento de una nación

El nacimiento de una nación
  • Las expectativas crecen a la misma velocidad que las exigencias de la mirada

Llega ‘El nacimiento de una nación’ al FICX con la fuerza de las elegidas. Y eso suele ser peligroso. Las expectativas crecen a la misma velocidad que las exigencias de la mirada. La envuelven laureles de Sundance (casi nada), incluso campanadas de Oscar, algo ensordecidas, por cierto, por una acusación de violación contra su director Nate Parker (pero esa es otra historia de otros tribunales). Y por si esas credenciales fueran pocas, esta cinta norteamericana que narra el doloroso, tenso e irremediablemente violento (sangre a parte) relato sobre la rebelión de los esclavos en los estados del Sur de Norteamérica, entra en nuestros sentidos con el peso mismo de la historia del cine. No hay que olvidar que repite título de un clásico de Griffith, una de esas películas que se estudian como ejemplo de revolución técnica y que, por otro lado, representó la más polémica y abierta apología del Ku Klux Klan. Utilizando su nombre Parker parece revolverse contra ella. Contestar, incluso, a los atisbos de supremacía blanca que aún se ven por el mundo. Esa es su baza. Pero su respuesta no es lo elocuente que cabría esperar después de todo un siglo. Podía haber ampliado, como hizo Griffith en 1915, los horizontes del propio cine. Pero se queda, sin embargo este actor metido a director (este es su debut), en el efectismo, que es un aliado seguro, y el melodrama, su mejor compañero. Se sostienen ambos sobre un personaje real, Nat Turner. Interpretado por el propio Parker y novelado al límite de la verdad, fue un predicador negro al que su dueño paseaba por las plantaciones de Virginia para someter, a fuerza de Evangelio, a otros esclavos, hasta que se alzó en armas. Su historia está contada con espíritu academicista, con el rigor de la norma conocida, pero sin la frescura de lo que está por descubrir. No le falta belleza. Los campos de algodón, que dan cobertura al que mira para respirar sin sufrimiento, son su elocuente presencia. Pero en el conjunto no hay brillantez cinematográfica. Más si se la compara con sus predecesoras, incluida la heladora y magnífica ‘12 años de esclavitud’. Ahí Parker, en el cuerpo a cuerpo, tiene la batalla perdida.