El Comercio

Festival de Cine de Gijón

Inversión

Inversión

Tal vez, lo primero que sorprenda al espectador de viajes cortos al asistir a la película iraní de Behnam Behzadi, ‘Inversión’, sea visitar una ciudad, Teherán, que bulle entre atascos automovilísticos occidentales. Y, en el cielo, nublada por la boina de la contaminación, también muy reconocible. Esa polución condicionará el desarrollo de la cinta, pues afecta a la madre de la protagonista, aquejada de graves problemas respiratorios, al tiempo que desatará el conflicto de los demonios familiares. Y ahí habrá que volver a encontrar paralelismos notorios entre la mezquindad que rodea a Niloufar, la joven protagonista que ha de hallar el equilibrio entre el amor filial y su emancipación personal, con cualquier capítulo de la vida ordinaria que rodea nuestros calendarios. Intereses creados, ruindades, dineros, comodidades y ese laberinto cotidiano de la supervivencia cainita. El retrato social se acompaña de una espléndida fotografía, en la que se alternan luces exteriores y penumbras interiores, dosificando el guión, que también es obra del director y productor, Behnam Behzadi.

Sahar Dolatshahi (Niloufar) compone un personaje lleno de verosimilitud, entre la ternura y la insurgencia, trazando un camino de libertad, buscando su propio lugar e hilvanes –la tienda de su propiedad es de confección y enreda la madeja intrafamiliar–, en pos de un traje a su medida.

Quizá no esté en el propósito último del film; pero enseña que, en cierto modo, los humos de Teherán no son ajenos a la temperatura humana global.