El Comercio

Festival de Cine de Gijón

Toni Erdmann

Toni Erdmann

Causó ‘Toni Erdmann’ sensación en Cannes, donde ganó el Gran Premio FIPRESCI, ratificando la vitalidad de un cine de autor alemán en plena renovación desde comienzos de los 2000. Siete años después de ‘Entre nosotros’, solar crónica sobre la fragilidad de la pareja, el tercer filme de Maren Ade explora también las fisuras que resquebrajan las relaciones humanas, una vez más desde el estilo naturalista característico de esta cineasta salida de la escuela de cinematografía de Múnich, en la que estudió producción. Sobrio y preciso, como el de los autores a los que apela como referencias (Rainer Werner Fassbinder, Ingmar Bergman, John Cassavetes), su cine concede un lugar preeminente a los personajes, cuyas emotividad y relaciones se complace en examinar con minucia, a veces hasta la exageración cómica.

Sobre el papel, nada más clásico: un padre y una hija distanciados, más los intentos denodados del primero por acercarse a la segunda para recuperarla. Sexagenario amante de las bromas, el berlinés Winfried Conradi (Peter Simonischek) llega a Bucarest, de improviso, a visitar a su impávida hija Inés (Sandra Hüller), alta ejecutiva de una empresa germana, cuya vida es solo trabajo. Él lamenta en lo que se ha convertido ella y ella se avergüenza de él. Con la idea de hacer redescubrir a Inés la alegría de vivir, Winfried, perfecto vivalavirgen, tira de peluca y dentadura postiza, convirtiéndose en el arrollador avatar Toni Erdmann.

La película sugiere, sin cargar nunca las tintas, el conflicto entre dos generaciones, incapaces de comunicarse, que tienen diferentes visiones del mundo. Se toma el tiempo necesario para filmar un tan divertido como amargo ‘je t’aime, moi non plus’ paternofilial in crescendo. Las miradas, los gestos, los silencios expresan toda la ternura, desavenencia y frustración: las personalidades opuestas se atraen, hieren, reencuentran, repelen... Hilarante por momentos (y mucho), el agridulce ‘Toni Erdmann’ de Maren Ade demuestra suma generosidad hacia sus personajes, los actores, el público. Ello engrandece aún más si cabe a este irresistible OVNI cinematográfico, instalándolo en nuestros agradecidos corazones. De aplauso.