El Comercio

Festival de Cine de Gijón

'Tower', de Keith Maitland

'Tower', de Keith Maitland

El 1 de agosto de 1966, un francotirador apostado en la torre del reloj de la Universidad de Texas, en Austin, abrió fuego sobre los viandantes, entre los cuales había niños y mujeres embarazadas. La policía necesitó más de hora y media para neutralizar al asesino, un ex marine que disparaba a todo lo que se movía de manera mecánica y precisa, conforme al entrenamiento militar de élite. Murieron 17 personas y otras 32 resultaron heridas, no pocas jóvenes estudiantes. Acababa de nacer la terrible figura del ‘spree killer’ –o tirador en cadena– de los centros docentes americanos.

‘Tower’, el documental animado de Keith Maitland, aborda tan salvaje como perturbador suceso real adoptando el punto de vista de quienes estuvieron inmersos en la masacre, como un relato oral. Afectado directos, testigos, periodistas, policías. Cada uno cuenta. Y nosotros escuchamos, mientras vemos, sobrecogidos. Muy inteligentemente, Maitland elude las referencias al asesino (Charles Whitman, de 25 años, un tipo aparentemente corriente), apenas citado al final, sin mostrarlo, abatido en off. Aquí no hay mártires, ni superhéroes, sino seres humanos que sintieron que su valor superaba al pánico durante un momento, justo para poder reaccionar. Testigos todavía hoy devastados por el síndrome postraumático se lamentan, desde la culpa, por no haber hecho algo antes.

Reconstrucción heterogénea hecha de recreación, material de archivo y testimonios unidos por animación rotoscópica, este documento inmersivo evita las imágenes morbosas, sin por ello dejar ambigüedad alguna sobre la suerte de los distintos protagonistas. Nunca complaciente, tampoco violento, ni voyerista, el procedimiento de elaborar una animación a partir de imágenes reales permite guardar una púdica distancia con respecto a la tragedia. ‘Tower’ se guía por la compasión en su sentido etimológico: ‘sufre con’. Fotografías y vídeos completan el conjunto, cerrado por las declaraciones actuales de algunos supervivientes, calibrando –con la perspectiva vital que da el tiempo– la catástrofe cernida sobre ellos medio siglo atrás, cuando estaban en tránsito hacia la edad adulta. Una estremecedora forma, aquella, de perder la inocencia.