El Comercio
Festival de Cine de Gijón

«Estoy dispuesto a morir por mi película»

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El cineasta Nabil Ayouch, ayer, en Gijón. / Joaquín Pañeda

  • Nabil Ayouch, director franco-marroquí

  • «Las tres grandes religiones monoteístas han ejercido elevados grados de violencia», dice el autor de 'Much Loved'

Con su cine, Nabil Ayouch (París, 1969) quiere «transformar conciencias, provocar una revolución, dar voz a las mujeres invisibles» del mundo árabe. Y, para eso, se necesita mucha valentía. Así que, aunque durante la fase de documentación para su última película, 'Much Loved', pensó en tirar la toalla, las entrevistas con cerca de 300 prostitutas, sus testimonios «llenos de coraje», le dieron «la fuerza necesaria para seguir adelante». Aún hoy, al director franco-marroquí, amenazado de muerte por grupos radicales islámicos por abordar el asunto de la prostitución y del turismo sexual en Marruecos, le siguen infundiendo valor mujeres como la protagonista de la cinta, Loubna Abidar, que ha tenido que refugiarse en Francia y que no ha podido estar en el Festival de Cine de Gijón tras haber sido brutalmente agredida en Casablanca. «El sábado hablé con ella y me dijo: 'Nabil, tranquilo, no pasa nada. Si tuviéramos que empezar mañana de nuevo todo el proceso de la película, ahí me tendrías. Sin ninguna duda'».

-El Gobierno prohibió la cinta en su país: Marruecos. Un buen golpe.

-Sí. La verdad es que me hirió y me provocó un 'shock' la forma en que la prohibieron. Normalmente hay que solicitar un visado, un certificado de exhibición, y hay una comisión que se reúne y se pronuncia. En el caso de 'Much Loved', eso no ocurrió. El Ministerio de Información emitió directamente un comunicado diciendo que se prohibía su pase comercial. Eso me resultó extraordinariamente violento. Y esa primera violencia engendró nuevos tipos de violencia que se desarrollaron en los siguientes meses.

-¿Merece la pena todo esto?

-Mi respuesta es que sí y mil veces sí. He hablado también con la protagonista, Loubna Abidar, y ella me dice que estaría incluso dispuesta a morir por haber hecho esta película. Que, si muere por haberla hecho, no lo lamentaría. Y yo digo exactamente lo mismo. Y lo decimos porque hay combates que son difíciles de librar, que requieren un cambio de actitud y de mentalidad, que es lo que buscan. Y eso no es nada fácil. Porque para eso tenemos que estar dispuestos a mirarnos en el espejo y analizar el reflejo. Y eso es duro pero es fundamental para el futuro de un país. Por duros que sean estos combates, hay que librarlos.

-Hay una escena de una crudeza impactante, cuando un policía la viola con total impunidad en la comisaría. ¿Es una crítica hacia la complicidad estatal que se vive en Marruecos con la prostitución y el turismo sexual?

-Es una complicidad colectiva. No es solo una complicidad institucional, sino que también hay complicidad, por ejemplo, entre las familias, que fingen que no pasa nada. Y, si rechazamos hablar de estos temas, no podemos solucionarlos. Hay momentos en los que el espectador se siente como si fuese ellas y tuviese, al igual que ellas, la cabeza bajo el agua, pero hay otros en los que hay amistad, de alegría, de solidaridad, de sueños. Y eso también es importante mostrarlo.

-¿Qué análisis hace usted de la locura homicida de París?

-Lo he vivido muy mal. Mi barrio era el de Bataclan. Ahí es donde viví en París durante bastante tiempo y creo que esta situación plantea toda una serie de interrogantes que hay que resolver. Porque, además, es una situación que no afecta únicamente a Francia. Es algo que ya se vivió en España con atentados como los del 11-M o ahora en Bélgica. Creo que se plantean preguntas acerca de la integración y la seguridad de la población en Europa y que es un debate que hay que abordar y hay que abordarlo hoy. Pero es necesario saber interpretar todos los puntos de vista para poder alcanzar una solución.

-Ha tratado el terrorismo en 'Los caballos de Dios'. ¿Está llegando a Europa una onda expansiva de lo que ocurre en los países árabes?

-Para 'Los caballos de Dios' tardé dos años y medio en documentarme y lo que hice básicamente fue recorrer los barrios más marginales de las afueras de grandes ciudades marroquíes. Ahí descubrí lo que para mí es una gran verdad: que las mismas causas producen los mismos efectos. Y ese efecto es una desconexión que es tanto del ámbito físico y geográfico como del ámbito mental. Por eso, para mí el concepto de ciudadanía es muy importante. Porque creo que el problema que tienen muchas de estas personas es que el vínculo con la sociedad se ha roto. Es gente que se ve privada de mecanismos como la escuela y que no tiene acceso a una cultura de proximidad como acceder a una sala de cine, ir al teatro, a aprender a bailar para poder expresarse, a las artes escénicas. No se puede hablar únicamente de generalidades. Hay que tener en cuenta los destinos individuales, los microtraumas de cada persona. No podemos pensar únicamente que hay una gran causa de todos los males porque eso nos llevaría a tratar de buscar una solución milagrosa y no hay recetas milagrosas que puedan resolver estos problemas.

-¿Cómo influye la religión?

-El gran problema que subyace no es la religión. Porque las tres grandes religiones monoteístas han atravesado por ciclos semejantes. Los textos sagrados de estas religiones se han interpretado de diferentes formas a lo largo de la historia y esas interpretaciones han llevado a elevados grados de violencia. Por ejemplo, el cristianismo, no hace tantos siglos, hizo gala de una violencia enorme. Creo que lo importante es la comprensión de esos textos sagrados y, para ello, se necesita un espíritu crítico. El desarrollo de la Filosofía y de otras artes y disciplinas es absolutamente necesario. Por eso digo que la educación ocupa un lugar central en todo ese proceso. Porque en la escuela es donde realmente se forja al ser humano, donde se produce su desarrollo intelectual y, cuanto más desarrollo y espíritu crítico, mejor comprensión de los textos.