El Comercio
Festival de Cine de Gijón

«El cine no tiene patria, es de la humanidad»

Apichatpong Weerasethakul, ayer en el CCAI.

Apichatpong Weerasethakul, ayer en el CCAI. / Paloma Ucha

  • Apichatpong Weerasethakul, artista y director de cine

  • «Tengo miedo por la situación que se vive en mi país, no soy un director político y no tengo problemas; si lo fuera los tendría»

Está feliz, contento y aliviado porque está lejos de su país, Tailandia, en el que el Gobierno está en manos de una junta militar y en el que los artistas viven en una continua amenaza y asediados por la censura. Tanto es así que hasta un libro como '1984' de Orwell está prohibido. No sorprende, pues, que en su próximo proyecto emigre al continente americano. A esa sensación de libertad que le acompaña en Gijón, se añaden otros elementos que alimentan la alegría para Apichatpong Weerasethakul (Bangkok, 1970): ayer tomó entre sus manos un libro en castellano editado por el Festival de Cine de Gijón en el que se repasa su trayectoria en el cine y el arte.

Dice que los artistas de su país viven con miedo. ¿Usted también?

Sí, sí. Es una realidad, hay personas que mueren, no es una película. Es imposible decir que no tengo miedo.

¿Y cómo se puede crear en Tailandia en esta situación?

Yo a veces me pregunto lo mismo. ¿Cómo se puede ser un artistas sin poner todo el corazón? En mi caso, no hago películas políticas, son muy abiertas, así que hay mucho que se deja a la interpretación. En resumen, no soy un director político; si lo fuera, tendría problemas.

¿Qué es peor la censura o la autocensura?

La autocensura. Y yo la sufro. En el ámbito político y también en el ámbito social todos los directores están sometidos a la autocensura, ya sea porque haya escenas de desnudos o por compromisos en el ámbito comercial. Hay muchos niveles de autocensura.

Pero usted dice que el cine es libertad.¿Es también una batalla entre lo uno y lo otro?

Sí. Por eso yo también hago cortos, instalaciones de vídeo, cuestiones que son muy personales para que haya muchas variedades en la forma de expresión, pero entiendo que el cine es libertad e intento no autocensurarme.

Está trabajando en un proyecto en español.

Estoy pensando en hacer una investigación acerca de Yucatán en México, porque estoy totalmente enamorado de la historia y la civilización y de cómo curaban en el pasado a través de la naturaleza los chamanes. Es un poco lo mismo que hago, yo he estado haciendo muchas películas sobre la memoria y la percepción y en las antiguas civilizaciones esos dos aspectos eran muy relevantes.

Dice que el cine es un viaje. ¿Cuál es su camino?

Reflejar mi vida. Una de las razones por las que voy a México es porque me gusta alejarme de la situación política de Tailanda, y la película en cierta forma habla de esa situación personal.

Coppola estuvo aquí hace poco y decía que no es posible hacer cine sin experimentación.

Estoy de acuerdo. Ya sea una película comercial, del mainstream, o cine de autor, nunca hay una fórmula. Si mira a las películas de Hollywood, se gastan millones y millones de dólares, y aún así muchas son un auténtico fracaso. Por eso es arte, porque es impredecible, porque es magia negra.

Usted que ha crecido viendo a Spielberg, ¿qué opina del Hollywood de hoy?

Me interesan mucho las películas de Hollywood, especialmente el mundo de los efectos especiales, porque es lo que hace que las películas vayan hacia adelante. Cuando miramos a los hermanos Lumière, todo está en los pequeños trucos, en los detalles, y las nuevas películas de Hollywood están creando las imágenes que van a ser el futuro. Además, hay muchos directores interesantes, a mí me encanta Christopher Nolan, es una persona que deja su firma en cada una de sus películas.

¿Y en el lado del cine independiente, hacia dónde le gusta mirar?

Para mí lo interesante no es solo el cine, sino cómo interactuamos las personas con los dispositivos móviles y lo individualistas que nos estamos volviendo. No tengo nada que objetar sobre las personas que están enganchadas al Facebook y demás redes sociales, me encanta, porque las personas están metiéndose en un mundo propio y espero que en un futuro las películas puedan ser también algo individual hasta el punto de que podamos compartir las experiencias de nuestro cerebro. Cuando eso ocurra, quizá aflorará la comprensión, el entendimiento de la existencia de los otros en el mundo.

¿Pero esto que dice no suena a ciencia ficción?

Pienso que estamos yendo en ese camino, es el escenario con el que probablemente nos encontremos en el futuro.

Usted lo decía: teléfonos móviles, internet, las salas de cine se cierran...

Estamos en un proceso de aprendizaje y transformación. Mi sobrino tiene una percepción de la realidad que es totalmente diferente a la mía, y espero que esto sirva para democratizar el arte.

¿Cómo le sienta eso de que le digan que es un director de culto?

Te sube el ego. Hace unos años me sentía avergonzado, pero ahora creo que puedo quedarme con lo bueno que me aporta y asumirlo como una leccion de humildad.

¿Cómo cambia la vida una la Palma de Oro en Cannes?

Mucho. Fue la única vez que pude ir en primera clase en un avión (risas). Mi madre me dijo: «Esto es una lección, no te olvides que igual que subes, bajas». Es verdad.

¿Dónde tiene la Palma de Oro?

No la tengo. Se la di a un archivo de Tailandia. Tenía toda una estantería de premios en mi oficina y el año pasado los doné todos.

Ese mismo año, Javier Bardem se llevó premio en Cannes. ¿Qué piensa del cine español?

Confieso que no lo conozco lo suficiente. Almodóvar, Buñuel y poco más.

Nosotros, sin embargo, cada vez conocemos más el cine asiático. ¿Qué está pasando?

No sé. Pienso que Asia está cambiando muy rápidamente. Cuando uno está en Europa, echa la vista atrás diez años y advierte que no han cambiado tanto las cosas, pero en Asia sí. Hay una sensación de transformación, las personas están viajando cada vez más al exterior para estudiar dirección de cine, de modo que hay buenas expectativas con las generaciones más jovenes.

¿Augura pues un buen futuro para el cine asiático?

Yo pienso que el cine es algo global. Intento no diferenciar entre el asiático y los otros, el cine no tiene patria, pertenece a la humanidad, puede usar un idioma u otro, pero tiene su propio lenguaje. Es libertad y el Festival de Cine de Gijón es reflejo de esa libertad.

O sea, que aboga por abolir las etiquetas geógraficas para el cine.

Eso es. Lo estamos viendo todos los días en Youtube. Internet va a derribar muchas barreras.

Ha dado una clase magistral en el FICX, ¿cuál es la lección que usted se lleva de Gijón?

Además del frío, me llevo a la gente. No me interesan tanto las películas como las personas. Cuando viajo a diferentes países no me gusta hacer lo que hacen todos los turistas, la belleza de las cosas no es para mí. Estuve viviendo en París seis meses y pensaba que era la ciudad más miserable del planeta hasta que empecé a tener amigos y ahora es una de las ciudades más maravillosas del mundo.