El Comercio

Festival de Cine de Gijón
Marie-Castille Mention-Schaar, en el patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto.
Marie-Castille Mention-Schaar, en el patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto. / PALOMA UCHA

«Antes del rodaje me convertí en la sombra de varias chicas radicalizadas por el Daesh»

  • «El perfil de las jóvenes que captan es el de niñas inteligentes, curiosas y altruistas que viven en todo tipo de ambientes y clases sociales»

  • Marie-Castille Mention-Schaar. Directora, guionista y productora de 'Le Ciel attendra' ('El cielo esperará')

Marie-Castille Mention-Schaar es una de esas realizadoras que dan sentido al cada día más desgastado concepto del cine de autor. No ya por el sello que aporta a su obra, sino porque su obra es ella. Escribe, dirige y produce. La última vez que lo ha hecho ha sido para dar forma a un relato sobrecogedor sobre el radicalismo yihadista, mostrando el viaje hacia ese peligroso territorio de dos adolescentes francesas. Un relato titulado 'Le Ciel attendra' ('El cielo esperará') con el que compite en la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de Gijón, al que no solo ha venido su película, sino también ella para defenderla. Cofundadora de la productora Vendredi Film, lleva siete años participando de la industria gala, aunque su ópera prima es de 2012. En España se la conoce por 'Les héritiers' (traducida aquí como 'La profesora de historia'). Con 'Le Ciel attendra' firma su cuarto trabajo en la dirección, dejando el guión no solo en sus manos, sino también en las de su colaboradora Emilie Frèche, con la comparte títulos de crédito en ese apartado.

-¿Qué le hizo acercarse a un tema tan tremendo como la captación de jóvenes por parte del autodenominado Estado Islámico?

-Leyendo una noticia sobre tres chicas que habían sido radicalizadas por el ISIS, que decidían viajar a Siria, dejando atrás toda su vida. Entonces me hice una serie de preguntas y sentí que debía darles respuesta. Quería saber qué les llevaba a tomar esa decisión. En aquel momento Francia estaba inmersa en el horror que había causado el atentado de atentados del 'Charlie Hebdo'. De hecho, cuando ya estábamos metidos de lleno en el proyecto, a tres días de iniciar el rodaje, tuvo lugar la matanza de la sala Bataclán.

-En la película se cuenta paso a paso el proceso de reclutamiento y a la vez de anulación de la personalidad de las jóvenes. ¿Cómo se documentó para mostrarlo?

-Soy periodista y me interesa ir a la raíz de la realidad, además de estar realmente interesada en el mundo de la adolescencia. Todas mis películas indagan en ella. Para emprender este proyecto me puse en contacto con chicos y chicas que habían pasado por ese proceso. El primer paso fue conocer a una mujer -que, por cierto, hace de sí misma en la película- que se dedica a prevenir la radicalización y también a dar marcha atrás casos de jóvenes ya captados. Durante tres meses la seguí día y noche. Asistía a sus sesiones con jóvenes, a todo lo que hacía, y así acabé conociendo a treinta chicas a las que empecé a seguir de cerca. Antes del rodaje me convertí en la sombra de algunas de esas chicas radicalizadas por el Daesh. Dos de ellas habían sido detenidas justo antes de viajar a Siria.

-¿Y sus familias?

-Se preguntan qué ha pasado, qué han hecho mal. La mayoría no ha sospechado nada. De todos modos, hay un teléfono en Francia que llaman 'Stop yihadismo' donde pueden solicitar ayuda. Pero al otro lado contesta la Policía y hay muchas personas que no quieren llamar para que no les hagan ficha policial a sus hijos, incluso a ellos mismos.

-Las dos jóvenes de la película son especialmente inteligentes, disciplinadas, sensibles a los acontecimientos del mundo. ¿Ese es el perfil de una o un joven con posibilidad de ser captado?

-El primer rasgo común es que todas son adolescentes. Eso da una sensación de fragilidad que no es real. No se trata de chicas frágiles, sino de todo lo contrario. Realmente el perfil de las jóvenes es el de niñas inteligentes, curiosas y altruistas.

-Se asocian esos casos con clases sociales algo desfavorecidas. En su película, ambas son niñas de clase media alta.

-Y es que realmente viven en todo tipo de ambientes y clases sociales. Son hijas de médicos, abogados, psicólogos. Son de origen católico en un 40%, incluso judíos, en un tanto por ciento nada desdeñable. Hay ateas. Hay de todo. Y, claro, también jóvenes de familias desfavorecidas. Pero todas son adolescentes.

-Hace especial hincapié en el hecho de que son adolescentes.

-Cuando más analizo la adolescencia, más cuenta me doy de que debo de fijarme más. Es una etapa difícil. Nadie sabe cómo deben ser tratados y a los adultos se nos ha olvidado que un día fuimos como ellos. Es una época de excesos y de fragilidad. Les tratamos con condescendencia y, a veces, con desprecio. Y es un periodo especialmente difícil en el que se forja la personalidad. Pero hemos abierto un foso entre ellos y nosotros. Creo que todos debemos aprender como ciudadanos. Yo, además, como cineasta, debo aprender a entender mejor lo que está pasando. Creo, en el fondo, que debemos de soñar para poder entender.

-¿Su próxima película les enfocará también?

-No, no. Creo que esta vez me alejaré un poco. Tengo varios proyectos y no sé por cuál me decantaré, pero sé que no analizaré esta vez nada sobre los adolescentes y la adolescencia.